La capital vallecaucana enfrenta un momento de inflexión en su historia urbana. El desafío central es la sostenibilidad del Masivo Integrado de Occidente (MÍO), un sistema que, a pesar de los esfuerzos de la administración por evitar su liquidación, opera con una deuda financiera histórica y una demanda insuficiente para su autosostenibilidad.
La administración actual ha logrado mostrar mejoras operativas, incrementando la regularidad del servicio del 84% al 92% y subiendo la demanda a cerca de 310.000 pasajeros en día hábil. No obstante, la cifra está lejos de lo necesario para que el sistema sea viable y recupere la confianza perdida tras años de deterioro. Las demandas acumuladas y las obligaciones impagas de Metrocali superaron los $900 mil millones en 2024, una pesada carga que obliga a la Alcaldía a inyectar recursos públicos cruciales.
La gran apuesta: flota eléctrica y endeudamiento
Para salvar el sistema, se ha aprobado un ambicioso plan de renovación financiado con un empréstito y la sobretasa a la gasolina. El objetivo es reemplazar la totalidad de la flota de 791 buses antes de 2040, iniciando con la adquisición de 98 buses nuevos (incluidos 10 eléctricos) que se espera estén rodando para el primer semestre de 2026. Esta inyección de capital, aunque vital, subraya el dilema de Cali: el esfuerzo por modernizar el MÍO consume recursos que deberían invertirse en infraestructura complementaria, mientras la ciudad sigue perdiendo terreno ante la congestión.
El dilema de la integración del MÍO vs. el transporte tradicional
Uno de los retos más complejos y menos visibles es la articulación del MÍO con los servicios de transporte tradicional (como ‘gualas’ y busetas de servicio público) que operan en distintas zonas de la ciudad. Este es un punto neurálgico que impacta directamente en la calidad de vida de los habitantes de las comunas periurbanas y rurales.
Coexistencia o colapso: el ángulo del costo-beneficio
La falta de una integración modal efectiva obliga a miles de caleños a incurrir en un doble costo de transporte: pagar por el servicio tradicional que los baja de la montaña y luego pagar un pasaje adicional para usar el MÍO. Este factor económico se convierte en un incentivo perverso que:
- Debilita la demanda del MÍO, al disuadir a los usuarios de usar el sistema masivo.
- Aumenta el tráfico vehicular en los accesos a la ciudad, debido al flujo de vehículos pequeños que compiten por estas rutas.
Metrocali ha propuesto la implementación de Sistemas de Transporte Complementario (STC) para formalizar esta integración, buscando eliminar el “paralelismo” (competencia) y garantizar una conexión eficiente. Sin embargo, la implementación de esta medida se enfrenta a barreras políticas, operativas y sociales que exigen una voluntad administrativa firme para reordenar el transporte en los bordes.
El desafío de la informalidad
El mayor competidor del MÍO no son los servicios legalmente habilitados, sino el transporte ilegal o pirata (mototaxismo y vehículos particulares no autorizados).
Impacto y costo para la ciudad:
- Déficit financiero: la operación informal es un drenaje directo a las finanzas del MÍO. Cada pasajero que opta por el mototaxi o el transporte informal representa un ingreso perdido para el sistema masivo, exacerbando su déficit operativo.
- Vacío de la última milla: la ineficiencia y la falta de cobertura del MÍO en horarios pico o en la “última milla” de los barrios más alejados crean un vacío que es rápidamente llenado por la informalidad, que ofrece conveniencia y rapidez, a pesar de los riesgos de seguridad y la falta de regulación.
- Riesgo vial y regulatorio: El incremento del transporte ilegal eleva la siniestralidad vial y genera un reto de autoridad monumental para la Secretaría de Movilidad. La permisividad o la incapacidad de controlar este fenómeno perpetúa la informalidad y socava cualquier intento de formalización del sistema.
El avance del particular y la frustración tecnológica
Mientras el MÍO lucha por sobrevivir, el parque automotor particular sigue creciendo, lo que obliga a la ciudad a implementar medidas restrictivas y costosas para mitigar la congestión.
- La tasa por congestión como recaudo: para financiar el rescate del MÍO, la Secretaría de Movilidad ha elevado la tarifa de la Tasa por Congestión. El valor anual para el 2025 ronda los $9.2 millones de pesos, con la novedad de habilitar un pago diario de alrededor de $192.811. Esta medida busca desincentivar el uso del vehículo particular en días de Pico y Placa, pero, al mismo tiempo, establece un precio alto para circular libremente, una señal de la severidad del problema de congestión.
- El “Elefante blanco” de la semaforización: la promesa de modernización tecnológica ha sido un fracaso rotundo. El proyecto de semaforización inteligente, que significó una inversión de más de $25 mil millones en el periodo anterior, terminó con contratos suspendidos y semáforos inoperantes. La tecnología, diseñada para gestionar el tráfico en tiempo real y aliviar los trancones, opera hoy como un sistema tradicional, o simplemente no funciona. La administración actual se ha visto forzada a dedicarse al mantenimiento de las 320 intersecciones existentes, en lugar de avanzar en la gestión de tráfico avanzada.
La perspectiva de los urbanistas es clara: un sistema de transporte ineficiente y una infraestructura tecnológica fallida aumentan los costos logísticos y los tiempos de viaje, minando la competitividad de Cali como centro económico del suroccidente colombiano. El futuro urbanístico de la ciudad se juega en su capacidad para ofrecer una movilidad que sea digna, eficiente y equitativa para todos sus ciudadanos.
La visión a largo plazo
Frente a la crisis del MÍO y la congestión, la única esperanza de alta capacidad para Cali y el Valle del Cauca reside en los proyectos férreos.
El desafío del Tren de Cercanías
El Tren de Cercanías del Valle (Regiotram) es el proyecto de movilidad regional más ambicioso, planeado para conectar a Cali con Jamundí en su primera fase (23 km, 21 estaciones). Se estima que el sistema, 100% eléctrico, reducirá los tiempos de desplazamiento en un 33% en el tramo Cali-Jamundí y atenderá cerca de 150.000 pasajeros diarios, sirviendo como eje estructurador de la movilidad y del desarrollo urbano en la región.
No obstante, el proyecto enfrenta un grave obstáculo político en 2025: la cofinanciación por parte del Gobierno Nacional (el 70% de los $12 billones de inversión total) ha sido condicionada o, en algunos momentos, frenada. Aunque la Gobernación del Valle y la Alcaldía de Cali han asegurado su 30% de la financiación, el retiro del aval nacional ha puesto en riesgo los avances, generando incertidumbre y llevando a la Alcaldía a buscar alternativas de financiación internacional y regional para evitar un retraso de hasta tres años en el cronograma.
Cali Sueña con el metro subterráneo
De forma complementaria al Tren de Cercanías, la administración ha reactivado el estudio de un sistema de metro subterráneo para Cali, con el objetivo de planificar una solución de muy alta capacidad a largo plazo.
- Comisión Pro-Metro: el alcalde anunció la creación de una Comisión de Expertos Pro-Metro para estructurar la viabilidad técnica y financiera de un sistema subterráneo.
- Alcance y objetivo: esta comisión retoma estudios de hace 25 años para proyectar una primera línea de metro que sirva como eje central de la movilidad, complementando al MÍO y al futuro Tren de Cercanías, y permitiendo a Cali competir con otras grandes capitales que ya tienen sistemas masivos de este tipo. Se espera que los resultados preliminares del diagnóstico estén listos para el primer semestre de 2026.
La crisis de movilidad de Cali es un factor que resta competitividad y aumenta los costos logísticos, impactando el desarrollo económico. La solución final depende de una articulación total que debe abordar simultáneamente:
- Saneamiento y modernización del MÍO.
- Lucha frontal y efectiva contra el transporte ilegal/pirata.
- Concreción de la infraestructura de alta capacidad (Tren de Cercanías y estudios del Metro).
El futuro urbanístico de la ciudad se juega en su capacidad para superar los obstáculos financieros y políticos y transformar la movilidad en un motor de progreso para el suroccidente colombiano.