El Parque Nacional Natural Farallones de Cali, origen de la mayoría de los ríos que abastecen a la capital del Valle, hoy puede ser observado con un nivel de detalle sin precedentes. Gracias al uso de inteligencia artificial, sensores remotos e imágenes satelitales, un sistema de información geográfica permite identificar en tiempo casi real las presiones que enfrenta este ecosistema estratégico. El resultado es un mapa de afectaciones que traduce datos técnicos en alertas claras sobre minería ilegal, cultivos ilícitos y pérdida acelerada de cobertura vegetal.
Este monitoreo hace visible lo que durante años se denunció desde tierra: el avance de economías ilegales y de actividades no autorizadas sobre áreas protegidas. Al superponer capas de información ambiental, hídrica y social, la tecnología convierte el territorio en un tablero de análisis que facilita entender cómo se fragmenta el parque y cuáles zonas concentran los mayores riesgos ecológicos.

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Cartografía del deterioro ambiental
Los análisis geoespaciales identificaron cerca de 1.700 hectáreas con pérdida de vegetación natural, una extensión equivalente a miles de canchas de fútbol. El mapa evidencia parches de deforestación que se expanden de forma irregular, conectados con corredores de acceso y con zonas donde se detecta actividad humana no permitida. Esta lectura espacial permite dimensionar no solo el tamaño del daño, sino también su distribución y velocidad de crecimiento.
Además, el cruce de imágenes históricas muestra cómo estas transformaciones se han acelerado en la última década. La comparación temporal revela cambios drásticos en la cobertura forestal y en la integridad de las cuencas, lo que convierte al mapa en una herramienta clave para anticipar escenarios de degradación futura.

Huella de la minería ilegal en los ríos
El componente hídrico del geovisor resulta crucial. Mediante algoritmos de detección y análisis espectral, se identificaron rastros de mercurio en ríos y quebradas que nacen en los Farallones. Estas señales se asocian directamente con la extracción ilegal de oro, una actividad que altera los cauces y contamina el agua que consume la ciudad.
El mapa permite seguir el recorrido de estos contaminantes desde las zonas altas hasta las cuencas que alimentan los acueductos. Así, la información geográfica conecta el daño ambiental con un riesgo directo para la salud pública y la seguridad hídrica de Cali.

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Tecnología para proteger sin exponer
Las imágenes satelitales también revelan la expansión de cultivos de uso ilícito en sectores del sur del parque y la aparición de infraestructura ilegal en áreas cercanas a Jamundí. Estas transformaciones, antes difíciles de documentar por las condiciones de seguridad, ahora quedan registradas con precisión métrica. El sistema permite ubicar estas presiones en relación con corredores biológicos y zonas de alta biodiversidad, mostrando cómo fragmentan hábitats y rompen la conectividad ecológica entre montaña, bosque y planicie.
El uso de inteligencia artificial reduce la necesidad de ingresar físicamente a zonas dominadas por actores armados o de difícil acceso. Desde un centro de análisis, los expertos pueden interpretar imágenes de alta resolución, identificar cambios en el paisaje y generar alertas tempranas sobre nuevas afectaciones. Este enfoque fortalece la toma de decisiones, ya que traduce datos complejos en mapas comprensibles para autoridades, investigadores y ciudadanía, facilitando la planificación de acciones de control y restauración.
Un mapa para la conservación a largo plazo
La integración de información sobre biodiversidad, cuencas, infraestructura y actividades ilegales construye una visión completa del estado del parque. Este modelo permite proyectar escenarios de recuperación o de mayor degradación, según las decisiones que se adopten hoy.
Más que un registro estático, el mapa de los Farallones funciona como un sistema vivo de seguimiento, que evidencia la dependencia de la ciudad frente a sus ecosistemas y subraya la urgencia de protegerlos con base en ciencia y tecnología.