La Gobernación del Valle del Cauca continúa expandiendo su estrategia ‘Universidad sin Ladrillos’. Esta iniciativa busca descentralizar la formación académica y llevar educación artística directamente a las comunidades. Actualmente, la Comuna 21 en el oriente de Cali se ha consolidado como el principal referente de esta transformación social. A través de programas como Aulas Concertadas y Escuela Apoyada, el Gobierno Departamental ofrece oportunidades de capacitación en espacios no convencionales, eliminando las barreras físicas del aprendizaje tradicional.
La gobernadora Dilian Francisca Toro explicó el concepto detrás del nombre del programa. Según la mandataria, no se requiere de un salón físico o un aula tradicional para desarrollar el talento. “También podemos aprender en estos escenarios comunitarios”, afirmó la gobernadora. El objetivo es reconocer el potencial creativo del territorio y convertir los parques y centros culturales en centros de saber. De esta manera, la administración busca sembrar esperanza mediante la disciplina y el arte en sectores que históricamente han carecido de oferta institucional robusta.
El arte como herramienta para salvar vidas
Los testimonios de quienes integran el programa resaltan el impacto social de la iniciativa en los sectores más vulnerables. Diana Moreno, miembro de las Escuelas Culturales Vallecaucanas, señaló que la danza folclórica funciona como un refugio para la juventud. “Podemos sacar a los niños de la droga y de zonas donde se han refugiado por falta de oportunidades”, manifestó. Por su parte, instructores de salsa destacan que el baile permite rescatar a los menores de las calles. Al mismo tiempo, les enseña la importancia del patrimonio cultural y les brinda herramientas para expresar sus emociones frente a un público.
En la Comuna 21, el impulso de la Gobernación también se manifiesta a través de proyectos específicos como Aguablanca Baila Sin Fronteras y Sello Oriente. Estos programas no solo forman artistas, sino que también capacitan a nuevos gestores culturales encargados de liderar procesos en sus propios barrios. Por consiguiente, la estrategia fomenta un ciclo de desarrollo autónomo donde la comunidad se convierte en protagonista de su propio cambio. La “Universidad sin Ladrillos” se perfila así como un modelo de educación flexible que prioriza el tejido social sobre la infraestructura.
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