La alarmante reducción en la edad de inicio del consumo de sustancias psicoactivas pone en jaque a las autoridades de la capital del Valle. Daniella Plaza Saldarriaga, presidenta del Concejo de Cali, reveló que los adolescentes están comenzando a consumir estupefacientes a los 13 años en promedio. Esta cifra, basada en datos del Ministerio de Justicia, refleja una vulnerabilidad crítica en la población estudiantil de la ciudad.
Durante el año 2024, las entidades de salud y protección en Cali atendieron entre 4.500 y 5.000 casos de jóvenes vinculados al consumo. Según la cabildante, el fenómeno crece bajo un “silencio” que deteriora la salud mental de las nuevas generaciones. Por esta razón, el cabildo hizo un llamado urgente a revisar la efectividad de las políticas públicas actuales y el acompañamiento familiar en los hogares caleños.
Baja percepción de riesgo frente a drogas sintéticas
Una de las mayores preocupaciones radica en el consumo de sustancias sintéticas como el ‘tusi’. Los datos indican que el 65 % de los consumidores de esta droga en el país tienen entre 14 y 29 años. Lo más grave, según Plaza, es que el 60 % de estos jóvenes distorsiona o ignora el peligro real que estas sustancias representan para su organismo. Esta falta de conciencia agrava las consecuencias físicas y psicológicas a largo plazo.
Para la presidenta de la corporación, este escenario es el resultado de vacíos pedagógicos y de prevención. La funcionaria enfatizó que el problema no debe verse únicamente como un asunto de drogas, sino como un desafío de salud mental. En consecuencia, la falta de apoyo emocional temprano facilita que los menores busquen refugio en sustancias ilícitas ante situaciones de crisis personal o familiar.
Estrategias para mitigar el impacto en la juventud
Ante este panorama, el Concejo de Cali anunció la apertura de espacios institucionales para articular nuevas estrategias de mitigación. El plan de acción propuesto por la corporación se basa en tres ejes fundamentales:
- Fortalecimiento de la prevención: revisión exhaustiva de los programas de salud mental para la infancia.
- Campañas pedagógicas: acciones educativas directas en colegios para elevar la percepción de riesgo.
- Articulación institucional: coordinación estrecha entre familias, sector educativo y la administración distrital.
Finalmente, Plaza Saldarriaga reiteró que escuchar y brindar apoyo emocional desde el entorno cercano es la clave para proteger el desarrollo integral de los adolescentes. El objetivo del Concejo es garantizar que el flagelo del consumo no comprometa el futuro de la juventud en Cali. Se espera que en las próximas semanas se definan los presupuestos para reforzar estas campañas en las comunas más afectadas por el microtráfico.
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