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“¡Afuera la minería de los Farallones!”: voces de protesta en la vía al mar

Comunidades rurales bloquean el paso para exigir la protección de los ríos de Cali.

Desde las primeras horas de este martes 14 de abril, el silencio habitual de la vía al mar se rompió. Los habitantes de los corregimientos de La Leonera, Felidia, El Saladito y sectores aledaños se concentraron en el cruce hacia Felidia. Con pancartas y arengas, iniciaron un bloqueo intermitente. El mensaje fue claro: la minería ilegal en los Farallones de Cali está matando sus fuentes hídricas. Esta actividad ilícita no solo amenaza la vida silvestre, sino que pone en riesgo la salud de miles de caleños.

La movilización busca captar la atención de los gobiernos local, departamental y nacional. Los manifestantes denuncian que la extracción de oro en la parte alta de la montaña contamina ríos vitales. Mencionan específicamente la Quebrada el Roble y los ríos Felidia, Pichindé y Cali. Estas fuentes abastecen los acueductos rurales y parte de la zona urbana de la capital del Valle.

El mercurio: una amenaza silenciosa en el grifo

Andrés, habitante de La Leonera, participó activamente en la jornada. Su preocupación es profunda. Él explica que la minería utiliza mercurio y metales pesados para extraer el oro. Estos químicos terminan directamente en el agua sin ningún tratamiento. “Toda el agua que baja del páramo se distribuye en los acueductos. La recibimos nosotros en nuestras casas y la estamos tomando todos”, advierte.

El problema trasciende las fronteras rurales. La contaminación fluye montaña abajo hasta la planta de tratamiento de San Antonio. Esto significa que habitantes de las comunas 1, 2, 3, 18, 19 y 20 también consumen esta agua. Sectores como Terrón Colorado están en la primera línea de riesgo. Para los manifestantes, no se trata de un simple conflicto ambiental. Es una crisis de salud pública de orden nacional provocada por la avaricia de unos pocos.

Foto: CW+.

Un siglo de promesas y soluciones fallidas

La minería en los Farallones no es un fenómeno nuevo. Los testimonios coinciden en que este conflicto tiene raíces históricas. Eliana Ospina, habitante de La Leonera, reconoce que el territorio se pobló originalmente gracias a la minería. Sin embargo, la escala y la técnica han cambiado para peor. “Se hacen pequeñas cositas, pero el problema no se resuelve a profundidad”, afirma con frustración.

La comunidad recuerda con amargura los operativos de 2018 y 2020. En esos años, las autoridades intentaron desmantelar los socavones, pero los mineros regresaron pronto. Incluso tras las medidas tomadas durante la COP, donde se desmontaron campamentos, la actividad persiste. Ahora, denuncian la llegada de personas foráneas que extraen oro justo en los puntos de captación de los acueductos. La impunidad y el alto valor del metal precioso alimentan un ciclo que el Estado no logra romper.

Foto: CW+.

La resistencia por la vida

El bloqueo en El Saladito no busca incomodar a los viajeros por capricho. Steven Zuluaga, activista ambiental de ToxiTour, define la jornada como una “justa lucha por la vida”. Para los activistas, el derecho constitucional al agua limpia está por encima de cualquier interés económico. “Nuestro río Cali está siendo contaminado. Salimos a respaldar esta lucha porque es un derecho fundamental”, sostiene Steven mientras acompaña las arengas de la comunidad.

La pedagogía es parte esencial de la protesta. Los líderes explican a los conductores que detenerse unas horas es un sacrificio menor comparado con ingerir metales pesados. La comunidad siente que el bloqueo es la única forma de presionar una respuesta institucional real. Han utilizado tutelas y derechos de petición sin éxito. Por eso, han decidido que la movilización social es su herramienta más fuerte para exigir que el Estado asuma su responsabilidad.

Foto: CW+.

Hacia una solución definitiva

La jornada de este martes es solo el comienzo. Los líderes comunitarios ya citaron a una mesa técnica para el próximo sábado 18 de abril en el corregimiento de La Leonera. Esperan la presencia del alcalde de Cali, la gobernadora del Valle y representantes del Gobierno Nacional. La exigencia es una intervención urgente, integral y permanente en los Farallones.

Si no obtienen respuestas concretas, la protesta escalará. Eliana advierte que ya planean una segunda movilización directamente en la Portada al Mar, el principal acceso a la ciudad desde el occidente. Los habitantes de la zona rural ya no aceptan soluciones temporales. Exigen que se cierre definitivamente la herida que la minería ilegal le causa al corazón de agua de Cali. La vida de la montaña, dicen, es la vida de todos.

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