El Gobierno de Gustavo Petro se había propuesto concretar la transición energética de Colombia durante el tiempo que durara su administración. A un año de entregar el cargo, de los 23 proyectos eólicos que se esperaban construir en la Guajira solo dos están operando con capacidad reducida.
Las empresas que le habían apostado al proyecto de transición energética con grandes inversiones de dinero, hoy se han ido. Argumentan que distintas situaciones como los retrasos en las licencias ambientales han provocado sobrecostos difíciles de asumir.
Felipe de Gamboa, entonces country manager de EDP Renewables, dijo en una entrevista con la ‘W Radio’: “Tenemos capacidad eólica instalada en 25 países. En ningún país hemos tenido tantos líos como acá”
Estos proyectos aún se consideran los más grandes y ambiciosos con los que cuenta el país; Se proyecta que los complejos cuenten con 504 megavatios de capacidad. No obstante, diferentes situaciones como al Pandemia, el retraso con las licencias ambientales y la dificultad para conciliar con las comunidades indígenas actuales han convertido su construcción en una empresa inviable para muchos inversionistas.
Huida de los inversores.
Desde hacia 5 años la gigante multinacional EDP Renewables (EDPR), compañía portuguesa que se encuentra en el top 5 global de desarrollo de energías eólicas y solares y que cuenta con presencia en 28 países, se encontraba desarrollando dos mega proyectos en la región de la Guajira, conocidos como Alpha y Beta. Actualmente, la empresa ha abandonado su desarrollo.
La multinacional dijo a través de un comunicado a la opinión pública, que estos proyectos “no cumplen los criterios de inversión y el perfil riesgo de la compañía. Por lo tanto, la compañía ha decidido no proceder con las inversiones restantes”. Las perdidas por los constantes retrasos las estiman en 700 millones de euros (3,2 billones de pesos). En un principio se había planeado poner en funcionamiento los generadores de energía en 2023.
Para empeorar la situación, a la salida de la multinacional portuguesa se le suma la salida de la empresa italiana Enel, encargada hasta hace poco de cinco proyectos de energías renovables en el país, tres de ellos para generar energía eólica y dos para energía solar. Sus argumentos para abandonar todo y salir de Colombia son los mismos que EDP, retrasos y más retrasos, ya sea por la pandemia, mala gestión del gobierno o conflictos con las comunidades Wayúu.
Otro es el caso de Celsia, empresa de energía del Grupo Argos, quienes también se bajaron del barco, trasladando su inversión a Perú.
El futuro de la transición energética.
Según algunos analistas, la salida de prácticamente todos los inversores grandes de Colombia deja un sensación de oportunidad perdida, pues para fortuna del País, La Guajira es el departamento con condiciones climáticas más óptimas para generar este tipo de energía.
Con todo y eso, el gobierno Petro aún se aferra firmemente a su meta de transición energética. Esperan que el licenciamiento de la línea de transmisión Colectora se de pronto, pues es la que va a permitir conectar a las eólicas al sistema eléctrico nacional.
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Por su parte el Ministerio de Minas tampoco pierde la esperanza: “Mantenemos seguimiento constante a los proyectos y tenemos comunicación con las empresas, incluido EDP Renewables”, respondió la cartera sobre la crisis que atraviesa el futuro del proyecto.