El mensaje lo compartió a través de su cuenta de X, donde propuso que este fin de semana los colombianos se acerquen a los restaurantes de la marca con el fin de contribuir a mantener los más de 200 empleos que dependen de ella. “¿Y si vamos este fin de semana a comer donde Don Jediondo a ver si salvamos el empleo de 200 personas? ¡Vamos! Las sociedades solidarias vencen la polarización”, escribió Bolívar.
La publicación rápidamente generó eco entre seguidores y detractores, en medio de la conversación pública sobre la situación económica de varias empresas nacionales que han visto reducida su clientela en los últimos meses.
La cadena Don Jediondo, reconocida por su oferta de comida típica colombiana, había anunciado que podría cerrar algunos de sus puntos de venta debido a la disminución de ingresos, lo que pondría en riesgo decenas de familias que dependen de estos empleos.
El precandidato aprovechó además para reiterar que la solidaridad es clave para enfrentar la crisis económica y que pequeños gestos ciudadanos pueden marcar la diferencia en la protección de puestos de trabajo.
”Me duele por mis empleados”: Don Jediondo tras el cierre de sus restaurantes
La reconocida cadena de restaurantes Don Jediondo Sopitas y Parrilla S.A.S., fundada en 2005 por el humorista Pedro González, mejor conocido como Don Jediondo, anunció oficialmente su liquidación judicial luego de varios intentos fallidos por mantener a flote el negocio. La Superintendencia de Sociedades ordenó el proceso tras constatar el incumplimiento reiterado de los compromisos adquiridos durante la etapa de reorganización.
También puede leer: Confirman uso indebido de camioneta oficial en residencia de Francia Márquez
Con 33 locales en todo el país, la compañía se destacó durante 20 años por ofrecer comida típica colombiana en un ambiente familiar. Sin embargo, las deudas acumuladas con entidades públicas y privadas, así como obligaciones fiscales y laborales, hicieron inviable su continuidad. Según los reportes oficiales, a junio de 2025 la empresa contaba con activos por $25.601 millones y pasivos que ascendían a $25.580 millones, una situación de equilibrio precario que terminó por quebrar sus finanzas.
En diálogo con medios de comunicación, Pedro González no ocultó su tristeza: “Me duele por mis empleados. Estábamos naufragando aferrados a la esperanza de un milagro, que subieran las ventas o se aumentara la utilidad, pero no fue posible”, dijo entre lágrimas, al explicar que ahora el control de los establecimientos quedará en manos de un agente liquidador.