Alberto Carrillo, triatleta venezolano de 38 años, escribió una nueva página en la historia del deporte colombiano al convertirse en el primer corredor ciego en completar una maratón en el país. El pasado domingo 7 de septiembre participó en la edición 31 de la Maratón de Medellín, en la que más de 27 mil atletas recorrieron las calles de la capital antioqueña. Carrillo, inscrito en la distancia de 42 kilómetros, fue el único atleta invidente entre los competidores.
Con un guía que lo acompañó durante todo el trayecto, Carrillo mantuvo un ritmo constante y demostró que la falta de visión no limita la determinación. Al cruzar la meta, aseguró que no pudo verla, pero sí sentirla en el alma gracias a los aplausos y gritos de ánimo de quienes presenciaron su hazaña. Ese momento marcó un récord personal, su clasificación para la maratón de Boston y, sobre todo, un ejemplo de superación para miles de corredores.
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Un camino de resiliencia
La historia de Carrillo está marcada por un giro inesperado. En 2006, a los 19 años, un accidente de tránsito le causó una triple fractura de cráneo y la pérdida total de la visión. Lejos de rendirse, decidió transformar esa experiencia en un motor de vida. Se dedicó al deporte, primero en el triatlón y luego en el atletismo, hasta alcanzar niveles competitivos que hoy lo sitúan como referente internacional.
Su trayectoria lo ha llevado a completar pruebas de gran exigencia como la maratón de Berlín en 2022 y a ser pionero como el primer ciego en culminar un triatlón en Colombia. Al emigrar al país, Carrillo también estudió psicología en la Universidad de La Sabana, convencido de que la preparación académica debía acompañar su desarrollo deportivo. Con esa misma visión ha recorrido escenarios académicos y deportivos transmitiendo un mensaje de resiliencia.
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Más allá del deporte: un mensaje de vida
Carrillo no solo corre para superar marcas; corre para inspirar. En entrevistas ha señalado que la vida se parece a una maratón: no entrega lo que se desea, sino lo necesario para seguir adelante. Con esa filosofía ha demostrado que la visión interior es más poderosa que cualquier limitación física. “La vida no se ve, se siente”, afirma, convencido de que su historia debe motivar a otros a no renunciar a sus sueños.
Ahora, su próximo objetivo es completar las seis maratones más importantes del mundo, conocidas como los “majors”. Medellín le abrió la puerta a Boston, pero su meta es aún mayor: derribar las barreras que enfrentan las personas con discapacidad y demostrar que los límites solo existen en la mente. Su historia se ha convertido en un símbolo de lucha y esperanza tanto en Colombia como en su natal Venezuela.