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COP 30: el mundo frena el fin de los combustibles fósiles y deja la ambiciosa apuesta de Colombia en el aire

El veto de potencias a la eliminación de petróleo pone en jaque la ambiciosa agenda climática de Colombia.

La trigésima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 30) concluyó hoy en Brasil con un sabor agridulce para la diplomacia climática y, especialmente, para la postura liderada por Colombia. El documento final, denominado “Paquete de Belém”, ha evitado una vez más incluir una hoja de ruta obligatoria para la eliminación progresiva (phase-out) de los combustibles fósiles, optando por mecanismos voluntarios que diluyen la urgencia solicitada por el gobierno de Gustavo Petro.

El cierre de la cumbre evidencia una fractura geopolítica: la arquitectura política global no logró consensuar el fin de la era del petróleo, el gas y el carbón, a pesar de que la inversión financiera ya se mueve hacia las energías limpias.

Colombia: liderazgo retórico vs. realidad global

Para Colombia, el resultado de la COP 30 representa una encrucijada estratégica. El presidente Gustavo Petro llegó a Belém insistiendo en su propuesta de un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles y el cese de nuevos contratos de exploración. Sin embargo, la falta de un compromiso global vinculante deja al país en una posición vulnerable:

  • El riesgo del “primer paso”: Colombia avanza en restricciones a la exploración (sacrificando renta petrolera futura) mientras los grandes emisores y productores (como EE. UU., Rusia y Arabia Saudita) no se comprometieron a seguir el mismo camino al mismo ritmo.
  • Aislamiento económico: analistas señalan que, sin un acuerdo global que nivele el campo de juego, los países que aceleren unilateralmente su descarbonización podrían perder competitividad frente a aquellos que mantengan su matriz fósil barata por más tiempo.
  • La paradoja local: mientras el discurso oficial en la COP fue tajante contra el carbón y el petróleo, internamente Colombia sigue dependiendo de estos para más del 40% de sus exportaciones, una contradicción que el “Paquete de Belém” no ayuda a resolver financieramente.

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El bloqueo: ¿Quién frenó el acuerdo?

El debate sobre el phase-out (eliminación) versus el phase-down (reducción gradual) fue el punto de quiebre.

  1. El bloque opositor: un frente liderado por Arabia Saudita y respaldado por Rusia vetó cualquier lenguaje que implicara la eliminación obligatoria.
  2. El vacío de EE. UU.: La ausencia de una delegación oficial de Estados Unidos eliminó la presión sobre otros grandes contaminantes.

El lobby petrolero marca récord

Un factor determinante en la tibieza del acuerdo final fue la presencia masiva de la industria. Informes de la coalición Kick Big Polluters Out revelaron cifras inquietantes:

  • Más de 1.600 lobistas vinculados a combustibles fósiles fueron acreditados en la COP 30. Esta cifra superó en número a casi todas las delegaciones nacionales.
  • No se aprobaron mecanismos estrictos de “conflicto de interés” para limitar su influencia en la redacción de los textos finales.

Datos vs. política: la transición avanza por el bolsillo

El análisis final de la cumbre deja una paradoja expuesta por la Agencia Internacional de Energía (AIE). Aunque los políticos no lograron firmar el fin del petróleo, el mercado ya está tomando decisiones:

  • Inversión: por cada dólar invertido en fósiles, se invierten dos dólares en energías limpias.
  • Pico de demanda: se proyecta que la demanda mundial de petróleo, gas y carbón alcanzará su máximo antes de 2030, no por decretos de la ONU, sino por la fuerza de la economía y la seguridad energética.

La COP 30 cierra sin el “golpe de timón” que exigía Colombia. El mundo tiene el dinero y la tecnología para cambiar, pero carece de la voluntad política unificada para hacerlo a la velocidad que la ciencia demanda.

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