Colombia está a punto de superar el hito del millón de motocicletas vendidas en un solo año, un récord histórico impulsado principalmente por la necesidad de generar ingresos rápidos a través de las plataformas de domicilio y transporte. Este crecimiento exponencial ha convertido a la moto en el termómetro económico del país, pero también en el principal motor de la crisis de seguridad vial.
A corte de noviembre de 2025, el sector acumuló 987.973 unidades vendidas, con un crecimiento del 35,42% en lo corrido del año, gracias a las 88.977 motos matriculadas solo en noviembre.
El motor del empleo informal
La necesidad de movilidad para el trabajo informal se refleja directamente en el tipo de moto que domina el mercado: el segmento de baja cilindrada (100cc a 125cc) acaparó el 47,12% de las matrículas en noviembre, confirmando su rol utilitario. Marcas líderes como Bajaj, AKT y Suzuki compiten con modelos económicos que son la herramienta base de la economía de plataformas.
Sin embargo, esta solución individual genera un alto costo social: la entrada masiva de nuevos vehículos colapsa la capacidad de las vías urbanas, llevando la congestión a grandes niveles.
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El paradigma del Valle del Cauca: El Cerrito y la carga de Cali
El Valle del Cauca es un actor central en este fenómeno, consolidándose como el tercer departamento con mayor número de registros en Colombia, solo detrás de Cundinamarca y Antioquia.
Dentro del departamento, el municipio de El Cerrito se ha posicionado históricamente como un “hub” de registro, ocupando el tercer lugar a nivel nacional en noviembre, solo superado por Sabaneta y Funza. Este fenómeno ilustra un grave problema de gobernanza y planificación:
- Paradoja fiscal: miles de motocicletas que circulan y generan carga vehicular, accidentalidad y necesidad de infraestructura en Cali o Palmira, son matriculadas en El Cerrito. Esto desvía los recursos tributarios de registro (que en teoría deberían ir a las capitales para inversión vial) hacia municipios más pequeños.
- Carga de salud pública: el grueso de la accidentalidad y el costo sanitario asociado al masivo uso de motos de baja cilindrada termina impactando a las redes de urgencias y hospitales de la capital vallecaucana, que absorbe la mayor parte del parque automotor circulante de la región.
El alto costo social y sanitario
El impacto más grave se mide en salud pública y seguridad. El aumento del parque automotor y el alto volumen de motociclistas nuevos e informales incrementa directamente la tasa de accidentalidad. Los motociclistas son la población más vulnerable en las vías, y el costo social de los siniestros (atención médica, rehabilitación, pérdida de productividad) sobrecarga el sistema de salud nacional.
Aunque la industria destaca un avance positivo—el 100% de las motocicletas más vendidas ya incorporan sistemas de frenado ABS o CBS, cruciales para mitigar la accidentalidad—este progreso técnico es insuficiente frente a la falta de infraestructura segura y la alta velocidad de rotación de conductores. La urgencia para el Valle del Cauca radica en coordinar políticas metropolitanas de movilidad que logren equilibrar la necesidad de empleo con la seguridad y la sostenibilidad urbana.
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