La reciente implementación del Decreto 1390 de 2025, que reduce el umbral de exención del IVA para compras internacionales de US$200 a US$50, marca un punto de inflexión en la relación de Colombia con el comercio global. Mientras el Gobierno Nacional justifica la medida bajo la necesidad de cerrar una brecha fiscal de $16,3 billones de pesos, el debate se traslada a la mesa de los ciudadanos: ¿Es este un mecanismo de equidad o un gravamen al progreso digital en sectores sin industria nacional?
1. El dilema de la industria inexistente
El principio básico de un arancel o un impuesto a las importaciones suele ser la protección de la producción interna. Sin embargo, al analizar las categorías más frecuentes en plataformas como Amazon o AliExpress, surge una inconsistencia técnica. Colombia no cuenta con fábricas de semiconductores, lentes ópticos de alta precisión, componentes de computación o insumos para el sector tecnológico.
Al gravar estos bienes con un 19% de IVA por encima de los US$50, la medida deja de ser una herramienta de fomento industrial para convertirse en un impuesto al consumo directo. Para el estudiante que adquiere una tableta gráfica o el técnico que importa un repuesto de maquinaria especializada, el impuesto no sustituye su compra por una local, simplemente reduce su capacidad de inversión y tecnificación.
2. ¿Coherencia social o necesidad de recaudo?
Uno de los pilares de la política actual ha sido la protección del bolsillo de las clases menos favorecidas. No obstante, la democratización del comercio electrónico permitió que sectores populares accedieran a bienes de consumo (vestuario, calzado y herramientas) a precios de fábrica a través de plataformas como Amazon, Shein o Temu.
Al establecer el techo en US$50 (aprox. $190.000 COP), se impacta el rango de precio donde se mueve la mayoría de la población. Para una familia de ingresos medios, este beneficio de los US$200 funcionaba como un “colchón” frente a la inflación interna. El ajuste obliga al consumidor a pagar un sobrecosto por bienes que, en el mercado local, suelen estar sujetos a márgenes de intermediación que elevan aún más su precio final.
3. El impacto en el emprendimiento de base
El análisis no debe limitarse al consumidor final. Miles de microemprendimientos en Colombia operan bajo modelos de importación de bajo costo para insumos.
- Encadenamiento productivo: un artesano que importa herrajes especializados o un joven que instala circuitos de cámaras de seguridad depende de este umbral para mantener sus costos competitivos.
- Inflación de costos: el incremento del 19% en la base de sus insumos se traslada inevitablemente al precio final, generando una presión inflacionaria silenciosa pero constante en los productos terminados en Colombia.
4. Comparativa de impacto en bienes esenciales
| Categoría de producto | Valor (USD) | Escenario previo (Exento) | Escenario 2026 (IVA 19%) | Variación en Pesos (aprox.) |
| Kit educativo / STEM | US$85 | $323.000 | $384.370 | +$61.370 |
| Repuesto de maquinaria | US$150 | $570.000 | $678.300 | +$108.300 |
| Calzado técnico | US$70 | $266.000 | $316.540 | +$50.540 |
Hacia una reflexión sobre la madurez digital
La pregunta de fondo es si el país está preparado para sacrificar la eficiencia de su ecosistema digital en favor de una meta de recaudo de $2 billones de pesos. La libre elección no es solo un derecho comercial; en la era de la información, es el acceso a la modernidad. El reto del Estado será demostrar que este sacrificio ciudadano se traduce en una inversión social que compense la pérdida de competitividad de sus consumidores y pequeños productores.
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