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El Acuerdo Nacional del ELN: ¿Salida política o escudo ante la inminente presión militar de Bogotá y Washington?

La guerrilla propone una "paz constituyente" mientras el Gobierno Petro endurece la ofensiva militar.

El panorama de la paz en Colombia enfrenta una de sus paradojas más agudas. Apenas horas después de que el Gobierno Nacional ratificara una alianza estratégica con Estados Unidos para intensificar las acciones contra el ELN, la guerrilla respondió este 12 de enero con una propuesta de Acuerdo Nacional. El documento, que apela a un “proceso constituyente popular”, surge en un momento donde la viabilidad del diálogo parece asfixiada por el recrudecimiento de la guerra en los territorios.

Este nuevo episodio representa un cambio estructural en el tablero político. La narrativa de la “Paz Total” ha sido desplazada por un discurso de seguridad nacional, impulsado por la reciente comunicación entre el presidente Gustavo Petro y su homólogo estadounidense, Donald Trump, donde el ELN fue definido como el principal factor de inestabilidad en la frontera con Venezuela.

La retórica del acuerdo: ¿Un eco del pasado?

El comunicado del ELN plantea temas ambiciosos: soberanía nacional, erradicación de la pobreza y un nuevo modelo económico. No obstante, para los analistas, el fondo del texto es una reiteración de la Agenda de México de 2023. La propuesta de que este acuerdo se convierta en un “mandato constitucional” busca blindar cualquier pacto frente a futuros gobiernos.

Sin embargo, el interrogante que surge en las regiones es la viabilidad de un diálogo mientras se mantiene el confinamiento de comunidades. El ELN insiste en una paz con participación social, pero la realidad en departamentos como Chocó y Norte de Santander, donde los paros armados han sido la constante del último mes, desdibuja la legitimidad de su propuesta.

El “giro de Petro”: del diálogo al apelativo de “asesino”

El cambio de tono del presidente Gustavo Petro ha sido radical. Tras la arremetida violenta en el Catatumbo, que mantiene suspendidos los diálogos desde hace un año, Petro ha tildado al grupo de “controlador y asesino de campesinos”. Este endurecimiento se cristalizó tras la conversación con la Casa Blanca, donde se acordó reforzar las acciones en la frontera.

El ministro Armando Benedetti fue enfático al señalar que la conclusión de la llamada Trump-Petro fue clara: “Al ELN hay que darle duro”. Este alineamiento sugiere que el Gobierno ha identificado que el espacio para la salida política se agota, optando por una presión diplomática y militar que busca asfixiar el santuario que la guerrilla mantiene en la zona fronteriza.

Catatumbo: El epicentro de la contradicción

Mientras en el comunicado se habla de “humanizar la paz”, en el Catatumbo la realidad es de confrontación total. El ELN libra hoy una guerra abierta contra las disidencias de las FARC (EMBF). La contradicción es profunda: el grupo armado pide Fuerzas Armadas que protejan a los civiles, mientras sus propias acciones dejaron cinco muertos en el reciente paro armado de diciembre.

Inteligencia militar interpreta el comunicado del 12 de enero como una estrategia de distracción. Al proponer un “debate nacional”, el ELN buscaría ganar tiempo y legitimidad internacional ante la inminente cooperación militar con EE. UU. en áreas críticas de narcotráfico y minería ilegal.

¿Hacia una confrontación total?

El país se encuentra en una encrucijada. Si el Acuerdo Nacional propuesto por el ELN no viene acompañado de un cese al fuego verificable y el fin de las hostilidades, será leído por el establecimiento como un recurso defensivo. El respaldo de Washington le da al Gobierno Petro el oxígeno político para transitar de la negociación a la ofensiva, reduciendo el margen de maniobra de una insurgencia que hoy se enfrenta directamente con la seguridad estratégica del Estado.}

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