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La aviación privada en Colombia ante una crisis de seguridad: lecciones de una década de tragedias

Del caso Chapecoense al siniestro de Yeison Jiménez: un recorrido técnico sobre una década de accidentes.

La seguridad aérea en Colombia atraviesa un momento de examen crítico. Mientras las grandes aerolíneas comerciales han logrado estandarizar protocolos que minimizan el error humano y técnico, la aviación general —aquella compuesta por aeronaves privadas, corporativas y de instrucción— muestra una tendencia inquietante. El accidente del Piper PA-31 Navajo en Paipa este 10 de enero, donde falleció el artista Yeison Jiménez, es el punto de quiebre de una década marcada por una siniestralidad que se ha desplazado de los grandes aviones a las cabinas de pequeñas avionetas.

Del impacto de Chapecoense a la racha de aeronaves pequeñas

La historia reciente de la aviación en el país tiene un hito doloroso: el vuelo de LaMia en 2016, que cobró la vida de 71 personas. Ese accidente expuso fallas sistémicas en la gestión de combustible y el control de planes de vuelo. Sin embargo, en los años siguientes, el riesgo mutó. En diciembre de ese mismo año, el despegue fallido de Aerosucre en Puerto Carreño ya advertía sobre las presiones operativas en vuelos de carga.

Para 2019, el desplome de un Douglas DC-3 de Laser Aéreo en el Meta (14 muertos) confirmó que la edad de la flota en regiones apartadas era una bomba de tiempo. Desde entonces, el patrón se ha concentrado en modelos Piper y Cessna. En noviembre de 2022, un Piper PA-31-350 cayó en una zona residencial de Medellín, y en agosto de 2024, un Britten-Norman Islander se accidentó en Yerbabuena, dejando en evidencia que los incidentes en aeronaves pequeñas ya no son eventos aislados, sino recurrentes.

La radiografía de 2025: un año de incidentes críticos

Los datos de la Aeronáutica Civil (Aerocivil) del año anterior son reveladores. Durante 2025 se registraron al menos 25 incidentes y accidentes de gravedad que permiten identificar fallas de mantenimiento y operación específicas:

  • Fallas de propulsión (SCF-PP): este código, que indica fallas en el motor, fue la causa de accidentes en Cali (septiembre), Pacoas (agosto) y Cajicá (mayo). La recurrencia de este fallo sugiere que los motores de las aeronaves de transporte no regular están operando al límite de su vida útil.
  • Fallas no propulsivas (SCF-NP): incidentes graves en Barranquilla y Bogotá con aeronaves Boeing 727-227 y en Villavicencio con ambulancias aéreas demuestran que sistemas críticos como el eléctrico o el hidráulico están fallando incluso en aeronaves de mayor envergadura.
  • Vuelo controlado contra el terreno (CFIT): el trágico accidente en Urrao (8 de enero de 2025), donde un Cessna 402C se estrelló matando a 10 personas, fue tipificado como CFIT. Esto ocurre cuando una aeronave funcional vuela hacia un obstáculo por desorientación del piloto o falta de tecnología de navegación moderna en cabina.

¿Existe una supervisión laxa sobre la aviación corporativa?

La pregunta que hoy se hacen expertos y usuarios es si la Aerocivil ejerce la misma presión de vigilancia sobre un hangar privado en Guaymaral o el Olaya Herrera que sobre las bases de mantenimiento de las grandes aerolíneas en El Dorado. Los reportes periciales de la última década sugieren una “crisis silenciosa” impulsada por tres factores:

  1. Obsolescencia de la flota: gran parte de las aeronaves Piper y Cessna en Colombia superan los 40 años de fabricación. La fatiga de materiales en estos modelos requiere inspecciones no destructivas que a veces se omiten en mantenimientos rutinarios.
  2. Mantenimiento “por evento” vs. preventivo: en la aviación privada, existe la tendencia a reparar tras la falla, a diferencia de la aviación comercial, que reemplaza componentes por horas de vuelo estrictas.
  3. Brechas en instrucción: el incidente grave del 19 de noviembre de 2025 en Bogotá, que involucró a dos aeronaves de instrucción (PA-28-181), señala que incluso en las escuelas de formación existen fallas de coordinación y protocolos de separación.

El desafío de la infraestructura regional

El accidente de Yeison Jiménez en Paipa también pone el foco en los aeropuertos regionales. Muchos carecen de servicios de extinción de incendios de respuesta inmediata o de tecnología de apoyo al despegue en condiciones climáticas variables. La transición de grandes tragedias comerciales a la frecuencia de accidentes pequeños indica que el riesgo no ha desaparecido, solo se ha vuelto más atomizado y difícil de vigilar.

La ciudadanía y los usuarios de transporte privado y corporativo hoy enfrentan una realidad: la seguridad aérea no depende solo del piloto, sino de una cadena de custodia del mantenimiento que parece estar debilitada en el segmento de la aviación general.

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