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Tercera masacre del 2026 en el Cauca: incursión armada en Padilla deja cuatro personas asesinadas

El norte del Cauca vuelve a sumergirse en el horror tras confirmarse una nueva masacre en la zona rural del municipio de Padilla. Alrededor de la medianoche del pasado domingo 18 de enero, hombres armados irrumpieron en el sector conocido como El Chamizo, asesinando a cuatro personas en un ataque sistemático que incluyó el allanamiento forzoso de viviendas y disparos indiscriminados frente a familiares de las víctimas.

Este hecho representa la tercera masacre registrada en el departamento en apenas 19 días de lo que va del año, consolidando un inicio de 2026 marcado por el recrudecimiento de la violencia urbana y rural en municipios como Padilla, Guachené, Puerto Tejada y Villa Rica.

Crónica del ataque: terror en El Chamizo

Según los testimonios recolectados por líderes sociales y pobladores de la zona —ubicada a tan solo 15 minutos del casco urbano de Padilla—, los agresores llegaron disparando inicialmente para generar pánico y vaciar las calles. Posteriormente, procedieron a derribar las puertas de varias viviendas en busca de personas específicas.

“Llegaron disparando, tumbaron las puertas y ubicaron a las personas que buscaban para asesinarlas delante de sus familias”, relataron testigos presenciales. El pavor se apoderó de la vereda cuando se percataron de que, en medio de la incursión, también perdieron la vida personas que no guardaban relación con las disputas entre estructuras criminales. “Acabaron con la vida de gente inocente que no tenía nada que ver en esas rivalidades; solo fueron asesinados porque estaban en ese lugar”, agregaron representantes de la comunidad.

‘Los 5 y 6’: la banda señalada de la barbarie

Las investigaciones preliminares de la comunidad y las autoridades apuntan a los integrantes de una pandilla conocida como ‘Los 5 y 6’, una estructura delincuencial que opera entre las veredas de Guachené y Padilla. Este grupo ha sido señalado de instrumentalizar la violencia local, en ocasiones bajo la influencia de disidencias de las Farc, para controlar territorios y rutas de economías ilícitas.

Este no es un hecho aislado. El pasado lunes festivo 12 de enero, la misma agrupación fue señalada de emboscar a un grupo de jóvenes del sector de El Guabal que se dirigían a las “fiestas del agua” en Guachené, dejando un saldo de enfrentamientos y víctimas que obligaron a la intervención de la Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (Undemo) para frenar una asonada contra la Fuerza Pública.

El éxodo invisible: violencia en el Cauca y presión migratoria sobre Cali

La recurrencia de estas matanzas y la “guerra de pandillas” que azota al norte del Cauca está provocando un fenómeno que desborda las capacidades institucionales: un incremento crítico en el desplazamiento forzado hacia Cali.

Familias enteras de Padilla, Puerto Tejada y Guachené están abandonando sus tierras ante la imposibilidad de vivir bajo el asedio de grupos como ‘Los 5 y 6’. Este flujo migratorio llega principalmente a los distritos de Aguablanca y las comunas de ladera en Cali, donde los servicios sociales y de vivienda ya se encuentran en niveles de saturación. Líderes de víctimas en la capital del Valle advierten que cada masacre en el norte del Cauca se traduce en decenas de nuevas solicitudes de registro de desplazamiento en la ciudad, alimentando cinturones de miseria y trasladando el conflicto hacia el entorno urbano caleño.

Respuesta institucional y actos urgentes

Unidades del CTI de la Fiscalía y de la Sijín de la Policía se desplazaron al sector de El Chamizo para realizar el levantamiento de los cuerpos y la recolección de pruebas balísticas. Los cadáveres fueron trasladados al hospital de Puerto Tejada para su identificación oficial, un proceso que avanza con lentitud debido al temor de los familiares a represalias.

Aunque el Gobierno Nacional y regional anunciaron a principios de este año la llegada de más efectivos de la Policía para patrullar el norte del Cauca, la comunidad insiste en que la presencia estatal sigue siendo insuficiente para desarticular el control territorial de las bandas juveniles y las estructuras armadas que las respaldan.

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