Hoy se cumple un año desde que la relación entre Colombia y Estados Unidos entró en su mayor crisis diplomática de las últimas décadas. Lo que comenzó el 26 de enero de 2025, con la negativa del presidente Gustavo Petro a permitir el ingreso de vuelos con deportados enviados por el Gobierno de Donald Trump, marcó el inicio de una cadena de tensiones políticas, sanciones y choques públicos que fracturaron el tradicional vínculo estratégico entre ambos países.
Doce meses después, el episodio se recuerda como el punto de partida de un periodo de confrontación que puso a prueba la cooperación en seguridad, comercio y política exterior, y que hoy mantiene a las dos naciones a la expectativa de una recomposición en el más alto nivel.
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26 de enero de 2025: el punto de quiebre inicial
Seis días después de que Donald Trump asumiera su segundo mandato, el presidente Gustavo Petro bloqueó el ingreso a Colombia de dos aviones con deportados procedentes de Estados Unidos. El Gobierno colombiano argumentó que los migrantes llegaban esposados y sin condiciones de trato digno, por lo que ordenó no autorizar el aterrizaje. La decisión generó una reacción inmediata desde Washington y marcó el inicio de una etapa de tensión sin precedentes en la relación bilateral reciente.
Trump respondió con amenazas de imponer aranceles a productos colombianos, lo que abrió la posibilidad de una guerra comercial. Aunque la crisis se desescaló en cuestión de horas y los vuelos finalmente ingresaron, el episodio dejó una señal clara: el diálogo político entre ambos mandatarios iniciaba con desconfianza y con un tono confrontacional que se mantendría durante los meses siguientes.
Primer semestre de 2025: choques por seguridad y política exterior
En los meses posteriores, Petro criticó públicamente la estrategia militar de Estados Unidos contra el narcotráfico en el Caribe y el Pacífico, cuestionó la política de Washington frente a Venezuela y expresó desacuerdos sobre el conflicto en Gaza. Estas posturas incrementaron la distancia con la Casa Blanca, que interpretó varias de estas declaraciones como una ruptura con la tradicional alineación estratégica de Colombia.
Mientras tanto, las agencias estadounidenses evaluaron el desempeño colombiano en la lucha contra las drogas y en cooperación en seguridad. Los informes internos comenzaron a reflejar inconformidad con los resultados, lo que preparó el terreno para decisiones diplomáticas y administrativas que afectarían de manera directa al Gobierno de Petro.
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Septiembre de 2025: retiro de certificación y sanciones políticas
A mediados de septiembre, Estados Unidos retiró a Colombia de la lista de países que cumplen plenamente con sus compromisos en la lucha antidrogas. Días después, el Departamento de Estado canceló la visa del presidente Petro, tras su participación en una manifestación propalestina en Nueva York en la que, según Washington, llamó a soldados estadounidenses a desobedecer órdenes.
Este hecho elevó el conflicto a un nivel institucional. Por primera vez en décadas, un presidente colombiano enfrentó una medida de este tipo, lo que impactó la agenda diplomática y encendió alertas en el sector empresarial yy en los organismos de cooperación bilateral.
24 de octubre de 2025: sanciones económicas y ruptura de confianza
El Departamento del Tesoro incluyó a Gustavo Petro, a su esposa, a su hijo mayor y al ministro del Interior en la lista de la OFAC, conocida como Lista Clinton. La medida implicó bloqueos financieros y restricciones que afectaron la relación política y generaron una crisis de confianza sin precedentes entre ambos gobiernos.
Trump calificó públicamente a Petro como “líder del narcotráfico”, lo que profundizó el deterioro del diálogo. La decisión encendió el debate interno en Colombia sobre el impacto de las sanciones en la inversión, el comercio y la cooperación en seguridad, en un momento en que Estados Unidos seguía siendo el principal socio económico del país.
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Enero de 2026: desescalamiento y expectativa de reunión
El 7 de enero de 2026, una llamada telefónica entre ambos presidentes abrió una ventana de distensión. Trump aceptó reunirse con Petro el 3 de febrero en la Casa Blanca, en lo que será el primer encuentro cara a cara entre ambos desde el inicio de la crisis. Las cancillerías activaron canales diplomáticos para preparar la agenda.
El Gobierno colombiano busca normalizar relaciones, revisar las sanciones y recomponer la cooperación en narcotráfico, comercio y democracia regional. Washington, por su parte, espera compromisos concretos en seguridad y estabilidad institucional. La cita se perfila como un punto decisivo para cerrar un año marcado por fricciones y redefinir el rumbo de una relación estratégica.