El Gobierno Nacional dio un golpe a la criminalidad en el centro del Valle del Cauca con la extradición de Andrés Felipe Marín Silva, conocido en el mundo criminal como alias ‘Pipe Tuluá’. Señalado como el máximo jefe de la banda ‘La Inmaculada’, el hombre fue enviado a Estados Unidos para responder ante una corte de Texas por cargos de narcotráfico internacional. Su salida del país da un parte de tranquilidad para Tuluá, municipio que durante más de una década estuvo bajo las órdenes que impartía incluso desde prisión.
A diferencia de otros delincuentes, ‘Pipe Tuluá’ no perdió fuerza al ser capturado. Con 51 años de edad y una condena en Colombia de 30 años, Marín Silva habría logrado coordinar homicidios y extorsiones desde diversas cárceles del país. Las investigaciones lo vinculan con al menos 47 asesinatos cometidos entre 2011 y 2017, la mayoría ejecutados por sicarios bajo su mando.
Su organización, también llamada ‘La Oficina de Tuluá’, se infiltró en las economías locales. Comerciantes y transportadores eran víctimas constantes de sus exigencias económicas. Incluso, se sabe que el capo mantenía alianzas con carteles internacionales como el de Sinaloa para mover cargamentos de cocaína.

Esta capacidad de mando desde la prisión obligó a las autoridades a trasladarlo constantemente, terminando sus días en Colombia recluido en una estación de policía en Bogotá para evitar fugas o nuevos ataques.
Ataques al Inpec
La violencia de ‘La Inmaculada’ no tuvo límites. Bajo la influencia de Marín Silva, la estructura declaró como “objetivo militar” a los guardianes del Inpec, lo que desató una ola de ataques contra funcionarios penitenciarios.

En Tuluá, la situación llegó a niveles críticos cuando el grupo fue señalado por el asesinato de un parapentista que realizaba publicidad política y el ataque a concejales de la ciudad.
El propio alcalde de Tuluá, Gustavo Vélez, ha sido uno de los blancos principales de sus amenazas. En una entrevista radial, el mismo Marín Silva admitió tener “sitiado” al mandatario, justificando sus acciones en una supuesta búsqueda de diálogo para una “paz total” que el Gobierno nunca le concedió.
Las cuentas pendientes con la justicia de EE. UU.
El traslado de alias ‘Pipe Tuluá’ responde a una acusación de la Corte del Distrito Este de Texas. En ese lugar, deberá enfrentar tres cargos graves por conspiración y distribución de grandes cantidades de cocaína. Las pruebas en su contra señalan que fabricó y envió al menos cinco kilogramos de droga con destino a territorio estadounidense.
Con su partida, Tuluá espera cerrar un ciclo de violencia que dejó decenas de familias enlutadas. Aunque el vacío de poder en estas estructuras siempre genera alertas.