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¿Por qué el mundo no puede celebrar San Valentín sin el campo colombiano?

Exportaciones récord y formalidad laboral femenina impulsan el agro colombiano.

Colombia vive hoy su temporada de San Valentín más ambiciosa y, al mismo tiempo, más desafiante de la última década. Mientras millones de enamorados en Estados Unidos reciben rosas y claveles colombianos, el sector floricultor se ha transformado en un pilar macroeconómico fundamental: en 2026, la industria no solo proyecta ventas externas por US$2.500 millones, sino que se ha convertido en el principal “salvavidas” del empleo rural formal en el país, aportando un superávit que mitiga el déficit comercial nacional en un 0,5% del PIB.

Este éxito, sin embargo, se da en medio de una coyuntura de contrastes. Por un lado, la eficiencia logística ha permitido superar las 10.000 hectáreas cultivadas, pero por otro, el gremio enfrenta lo que analistas de Corficolombiana y BBVA Research denominan una “tormenta perfecta”: una revaluación del peso que recorta ingresos y el mayor incremento del salario mínimo en la historia reciente (23%).

El milagro social: el rostro femenino de la floricultura

Más allá de las divisas, el verdadero hito del sector es social. A diferencia del resto del agro colombiano, donde la informalidad es la norma, la floricultura presenta un 94,6% de formalidad laboral, una cifra astronómica comparada con el lánguido 14,5% del promedio agropecuario nacional.

Este fenómeno tiene un impacto directo en la equidad de género: el 60% de los más de 200.000 empleos (entre directos e indirectos) son ocupados por mujeres, en su mayoría madres cabeza de familia. En departamentos como Cundinamarca y Antioquia, el 96% de estas trabajadoras cuenta con contrato formal, seguridad social y prestaciones, lo que convierte a cada rosa exportada en un certificado de estabilidad para miles de hogares rurales.

Radiografía de una temporada récord en volumen, pero tensa en márgenes

Para este San Valentín, se estima que se han vendido entre el 15% y el 18% del total anual de la producción. Augusto Solano, presidente de Asocolflores, confirmó que se movilizaron aproximadamente 65.000 toneladas de flores. No obstante, el diagnóstico empresarial es de cautela.

El informe “Sembrando el futuro” de BBVA Research y los análisis de Corficolombiana coinciden en tres factores de presión crítica para este año:

  • El golpe cambiario: se proyecta una apreciación del peso de hasta el 10,3%, con un dólar rondando los $3.630. Dado que el 100% de los ingresos de los floricultores depende de la tasa de cambio, esta caída del dólar representa una pérdida de ingresos estimada en $869.000 millones de pesos para el sector.
  • Costos laborales al límite: los costos de mano de obra representan entre el 50% y 60% de la estructura total de las empresas. El incremento salarial del 23% para 2026, sumado a la reducción de la jornada laboral y los recargos, elevará los costos totales de producción entre un 10% y 12%.
  • Aranceles persistentes: Estados Unidos mantiene un arancel del 10% para las flores colombianas, una carga que, aunque parece baja, golpea directamente la competitividad frente a otros mercados.

Logística de alta precisión: un vuelo por hora hacia Miami

El éxito de San Valentín 2026 no sería posible sin una maquinaria logística que funciona con precisión de reloj suizo. Avianca Cargo reportó la operación de 320 vuelos cargueros en apenas 20 días, movilizando 19.000 toneladas de flores. En los días pico de la temporada, la frecuencia aumentó de 35 vuelos semanales a 130, logrando el impresionante ritmo de un vuelo por hora aterrizando en Miami.

Por su parte, el grupo LATAM Cargo movilizó otras 12.300 toneladas desde Colombia, sumando un despliegue total de 430 frecuencias. Esta eficiencia es vital si se tiene en cuenta que el 92% de las exportaciones del sector se realizan por vía aérea para garantizar la frescura del producto.

El futuro: diversificación y sostenibilidad

Ante la dependencia del mercado estadounidense (que consume casi el 80% de la producción), el sector ha iniciado un agresivo plan de diversificación. Países como Canadá, Reino Unido, España y Países Bajos ya muestran crecimientos sostenidos. Además, el gremio apuesta por la tecnificación para reducir la dependencia estructural de la mano de obra sin sacrificar la calidad que hoy ubica a Colombia como el segundo exportador mundial de flores y el primero en claveles.

A pesar de los desafíos climáticos —como las nevadas en EE. UU. que amenazaron la distribución terrestre— y las presiones económicas internas, la floricultura colombiana cierra este San Valentín demostrando que es el sector más resiliente del agro, capaz de sostener el PIB y la dignidad de miles de trabajadoras mientras el mundo celebra el amor con sello colombiano.

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