La justicia colombiana dio un paso decisivo para desarticular la red que ejecutó el asesinato del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay. En una audiencia celebrada en Bogotá, Katherine Andrea Martínez, conocida bajo el alias de “Gabriela”, fue sentenciada a 21 años de prisión. Esta decisión se produce tras un preacuerdo con la Fiscalía donde la mujer aceptó haber sido el eslabón clave para que el arma llegara a manos del sicario.
Martínez no fue una espectadora, sino una operadora logística activa dentro de una estructura dedicada a homicidios selectivos. Según el expediente judicial, su misión comenzó en la localidad de Suba. Allí recibió una pistola Glock modificada, una pieza de alta precisión diseñada para asegurar la letalidad del ataque. Posteriormente, cruzó la ciudad hasta el parque El Golfito para entregar el armamento a los articuladores del atentado perpetrado el 7 de junio de 2025 en el barrio Modelia.
La reconstrucción de la cadena de mando
El fallo judicial contra “Gabriela” permite a los investigadores conectar los puntos entre la delincuencia común y los autores intelectuales. La Fiscalía demostró que Martínez fue contactada por Elder José Arteaga, quien servía de puente entre los determinantes del crimen y los ejecutores materiales. Fue Arteaga quien recibió el arma de manos de la mujer para dársela finalmente al adolescente de 15 años que apretó el gatillo.
Esta condena se suma a la sanción de siete años impuesta previamente al menor de edad. Sin embargo, el caso de Martínez es más revelador para el Estado. Al ser una adulta con antecedentes en grupos de sicariato organizado, su confesión ratifica que el asesinato de Uribe Turbay fue una operación meticulosamente planeada. La mujer fue hallada culpable de homicidio agravado, concierto para delinquir y tráfico de armas, delitos que deberá pagar en un centro carcelario sin beneficios de casa por cárcel.
El fantasma de la Segunda Marquetalia
Mientras la justicia avanza en las condenas materiales, la sombra de las disidencias de las FARC se hace más fuerte. La principal hipótesis de la Policía Nacional vincula este magnicidio con la Segunda Marquetalia, bajo las órdenes de alias Iván Márquez. Según los analistas de inteligencia, el objetivo del grupo armado era eliminar a una de las figuras con mayor opción de triunfo para las elecciones presidenciales de este año.
Miguel Uribe Turbay, quien falleció el 11 de agosto de 2025 tras dos meses de agonía, representaba el ala más fuerte de la oposición al actual gobierno. Su muerte no solo dejó un vacío en el Centro Democrático, sino que alteró el mapa político del país. Por esta razón, el ente acusador mantiene a otras siete personas bajo custodia, buscando identificar quién dio la orden final y cuánto dinero se pagó por el fin de la vida del político.
Impacto en el panorama electoral de 2026
Esta nueva condena llega en un momento de alta tensión política en Colombia. Con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, el esclarecimiento del caso Uribe Turbay se ha convertido en una bandera de justicia para diversos sectores. La familia del senador ha insistido en que el proceso no debe detenerse en los “eslabones débiles” de la cadena sicarial.
El reto para la Fiscalía en los próximos meses será demostrar el vínculo financiero entre las estructuras urbanas de Bogotá y los campamentos de las disidencias. De confirmarse la participación de la Segunda Marquetalia, el país enfrentaría uno de los mayores desafíos de seguridad democrática desde la firma del acuerdo de paz en 2016. Por ahora, el encierro de alias “Gabriela” cierra un capítulo operativo, pero deja abierta la pregunta sobre quiénes fueron los verdaderos cerebros detrás de la tragedia.
Lea también: El nuevo pasaporte de Colombia: seguridad, diseño y soberanía