El panorama del entretenimiento en América Latina completó su transición hacia las plataformas digitales durante el último año. Según el más reciente informe de audiencias, Colombia es la potencia dominante en el consumo de video en vivo. Los creadores antioqueños Westcol y MrStiven encabezan la lista regional, acumulando cifras que superan los 100 millones de horas vistas en conjunto.
Westcol se consolida como la figura más influyente del continente con 57,3 millones de horas vistas. Su éxito se basa en transmisiones de largo formato y eventos especiales, como combates de boxeo entre celebridades. Recientemente, el streamer fue tendencia por su entrevista al presidente Gustavo Petro, un encuentro que marcó un hito en la convergencia entre la política y las nuevas audiencias digitales.
El ascenso de MrStiven y la competencia regional
En la segunda posición se ubica MrStiven, también colombiano, con 48,4 millones de horas. Su crecimiento responde a una estrategia de constancia y cercanía con su comunidad. El ranking continúa con representantes de otros países que han sabido capitalizar nichos específicos:
- ElZeein (Perú): ocupa el tercer lugar con 40,8 millones de horas mediante una oferta de videojuegos e interacción en tiempo real.
- DavooXeneize (Argentina): suma 36 millones de horas centradas en el análisis y reacciones al fútbol regional.
- RDJavi (República Dominicana): lidera en el Caribe con 31 millones de horas enfocadas en entretenimiento y automóviles.
Política y religión: los “outsiders” del streaming
Una de las sorpresas del informe es la irrupción de figuras ajenas al entretenimiento puro. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se posiciona en el sexto lugar con 30,1 millones de horas vistas. Esta tendencia de comunicación directa sin intermediarios busca conectar con sectores jóvenes y difundir actos de gobierno en tiempo real.
Asimismo, el Padre José Arturo López ocupa la octava posición con 24 millones de horas. Este fenómeno se fortaleció tras la pandemia, convirtiéndose en una alternativa para adultos mayores o personas con movilidad reducida que asisten a servicios religiosos de forma remota. El crecimiento de estas cifras refleja una industria robusta que ya equipara su impacto económico al de las grandes corporaciones de medios tradicionales.
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