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Bad Bunny y la consagración de la identidad latina en la cima del mundo

De ser empacador en un supermercado a ganar el Álbum del Año.

La historia de Bad Bunny no es un golpe de suerte. Es el resultado de una autenticidad radical. El 1 de febrero de 2026, su disco “Debí Tirar Más Fotos” hizo historia. Fue el primer álbum íntegramente en español en ganar Álbum del Año en los Grammy. Sin embargo, detrás de los tres gramófonos y el éxito mundial, hay un joven de Vega Baja que nunca olvidó su origen. Para los latinos en EE. UU., Benito no es solo un músico. Él representa la validación de una cultura que se niega a ser invisible.

El niño del coro y el empleado del supermercado

Benito nació el 10 de marzo de 1994 en una familia humilde de Puerto Rico. Su madre, maestra de profesión, influyó en su educación. De los 5 a los 13 años, el pequeño Benito cantó en el coro de la iglesia. Su primer momento de fama escolar ocurrió en un show de talentos. Allí interpretó “Mala Gente” de Juanes. Durante su juventud, estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad de Puerto Rico, en Arecibo. Sin embargo, abandonó las aulas a los dos años y medio para perseguir su verdadera pasión.

Antes de la fama, Benito trabajó como empacador en un supermercado. Aquellos días fueron su mayor motivación. En los pasillos del mercado, escribía letras en su mente para no olvidarlas. No quería ese trabajo para siempre. Quería vivir de su arte. Por lo tanto, aprovechaba cada descanso para producir música de forma independiente. Subía sus temas a SoundCloud sin imaginar el impacto futuro. En 2016, su canción “Diles” llamó la atención de DJ Luian. Ese fue el inicio de un ascenso meteórico que cambió el género urbano.

La fórmula del éxito: “echarle más sofrito al caldo”

A diferencia de otros artistas, Bad Bunny nunca suavizó su acento. Se negó a cantar en inglés para “cruzar” al mercado anglosajón. Su estrategia consistió en centrar los ritmos caribeños y el lenguaje callejero. Como dicen sus seguidores, en lugar de diluirse, él “le echó más sofrito al caldo”. Esa autenticidad hizo que el mundo entero se enamorara de Puerto Rico. Hoy, su música es una parte esencial del tejido cultural de los Estados Unidos. Él demostró que el respeto global se gana siendo fiel a las raíces propias.

Por otro lado, su carrera rompió barreras de género y estilo. Benito usa su imagen para desafiar estereotipos de masculinidad en la música latina. Su álbum ganador del Grammy 2026 utilizó instrumentos ancestrales de la isla. Con esto, elevó la música jíbara a un escenario mundial. Su gira “Debí Tirar Más Fotos World Tour” agotó entradas en minutos en países como Colombia. En consecuencia, el artista ya no solo compite con reguetoneros. Ahora se mide con leyendas de la música global como Justin Bieber y Kendrick Lamar.

El activista que incomoda al poder

El compromiso social de Benito despertó en 2019. Durante el “Telegramgate”, el cantante detuvo su carrera para marchar en las calles. Exigió la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló por sus mensajes ofensivos contra el pueblo. Junto a Residente, lanzó “Afilando los cuchillos”, un himno de resistencia ciudadana. Desde entonces, el artista utiliza su plataforma para vigilar a los poderosos. Recientemente, financió vallas publicitarias en Puerto Rico para denunciar la corrupción política. “Los políticos no son superestrellas, son nuestros empleados”, afirmó entre lágrimas en una entrevista.

Ese mismo espíritu combativo llegó a los Grammy 2026. Tras ganar el premio principal, Benito exclamó: “¡Fuera ICE!”. El mensaje fue un ataque directo a las políticas migratorias represivas. El cantante defendió a los inmigrantes y “dreamers” que viven con miedo en EE. UU. Recordó al mundo que los latinos son humanos y estadounidenses, no animales. Finalmente, su activismo se solidificará en el próximo Super Bowl. Millones de personas verán a un artista que no solo busca vender discos. Benito busca proteger la dignidad de su tierra y de su gente.

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