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El Poder y los peligros del Big Data en política

En la era digital, el big data se ha transformado en una herramienta crucial para múltiples sectores, incluyendo el ámbito político. Su promesa de ofrecer insights profundos sobre las conductas humanas ha atraído la atención de gobiernos y entidades políticas a nivel mundial. Sin embargo, la aplicación de big data en la política no está exenta de desafíos y controversias, como lo demuestra el caso chileno durante su período de estallido social en octubre de 2019.

El estallido social en Chile, marcado por una serie de protestas y movilizaciones ciudadanas, presentó un escenario complejo para el gobierno. En este contexto, las autoridades recurrieron al big data con el objetivo de monitorear las redes sociales, identificar influencias extranjeras y detectar patrones delictivos. Esta medida pretendía proporcionar una base de datos robusta para apoyar la toma de decisiones en un momento crítico de inestabilidad nacional.

Los resultados del análisis de big data revelaron que un 31% de los mensajes analizados provenían de fuera de Chile, lo que indicaba una posible influencia extranjera. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por identificar patrones de comportamiento en grupos diversos, incluyendo jóvenes y cuentas internacionales, no se encontraron evidencias de actividades delictivas. Este resultado sugiere una posible sobreinterpretación de los datos y pone en duda la efectividad del big data para este tipo de análisis en contextos políticos y sociales.

La falta de resultados significativos indica que pudo haber una sobreinterpretación de los datos y un malentendido sobre lo que el big data puede realmente proporcionar. Este escenario plantea una pregunta fundamental: ¿Comprendía el gobierno chileno realmente el big data y su potencial para el análisis político y social? Los resultados sugieren que no, abriendo un debate sobre la necesidad de una mayor educación y comprensión de esta tecnología antes de su implementación.

Más allá de los desafíos técnicos, surge una preocupación ética: ¿Es adecuado el uso de big data para fines políticos? La respuesta podría ser afirmativa, siempre y cuando se utilice para comprender patrones sociales de manera ética, sin invadir la privacidad ni manipular la opinión pública, y bajo el amparo de regulaciones estrictas y transparentes.

Es imperativo que los gobiernos no solo entiendan las capacidades y limitaciones de estas herramientas tecnológicas, sino que también consideren las implicancias éticas de su uso. El objetivo debe ser siempre el bienestar de la ciudadanía y la mejora de la gestión pública, sin comprometer los valores democráticos fundamentales.

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