La violencia creciente que sacude a Buenaventura, Valle del Cauca, no solo está dejando víctimas directas, sino que golpea con fuerza a sectores clave de la economía local, como el turismo. A solo días del inicio de la Semana Santa, empresarios, líderes comunitarios y trabajadores del gremio aseguran que la actividad turística atraviesa una crisis silenciosa, provocada por el miedo y la falta de control sobre los territorios dominados por grupos delincuenciales.
Lugares tradicionales como Playa Chucheros, Bahía Málaga, La Barra y Juanchaco reportan una caída significativa en las reservas hoteleras y los servicios turísticos. En algunos casos, los operadores apenas han logrado cubrir el 30 % de la demanda habitual para esta época del año.
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“En otros años, para estas fechas ya teníamos todo reservado. Hoy no alcanzamos ni la mitad. La inseguridad ha ahuyentado a los visitantes y muchos prefieren cambiar de destino”, relató Margarita Preciado, lideresa turística de Playa Chucheros. Asegura que la ola de violencia registrada durante las últimas semanas ha sembrado temor tanto en los turistas como en los mismos habitantes, quienes dependen de esta temporada para sostenerse durante el resto del año.
Cámara de Comercio de Buenaventura encendió alarmas
La Cámara de Comercio de Buenaventura también encendió las alarmas. Johnny Castaño, vicepresidente de su junta directiva, sostuvo que las alteraciones al orden público, en especial los enfrentamientos armados en el casco urbano, han generado una percepción de inseguridad que afecta directamente la economía local. “Las comunidades que prestan servicios turísticos están listas, preparadas, y comprometidas a brindar seguridad, pero necesitan apoyo institucional. No pueden solas”, dijo.
En respuesta a esta situación, el Gobierno ha anunciado una intervención especial para reforzar la seguridad en la ciudad, especialmente en las zonas rurales y costeras. Sin embargo, desde el sector privado piden que estas medidas no sean solo coyunturales. “No se trata de mandar más policías por unos días. Necesitamos una estrategia estructural, con inversión social y garantías para trabajar sin miedo”, enfatizó Preciado.
A pesar del panorama desalentador, se mantiene la expectativa de que unas 35.000 personas visiten Buenaventura durante la Semana Mayor. Los prestadores de servicios turísticos se aferran a esa esperanza y confían en que las recientes decisiones gubernamentales logren devolver algo de calma a la región.
Lo cierto es que la situación actual pone en evidencia una deuda histórica con el Pacífico colombiano: el olvido institucional, la falta de garantías para el desarrollo económico y la necesidad urgente de recuperar los territorios dominados por estructuras criminales. Mientras tanto, el turismo en Buenaventura, uno de los principales pilares de su economía, sigue en riesgo de colapsar.