Aunque se esperaba que tras la liberación de Lyan Hortúa, las cosas volvieran a la normalidad, el posterior homicidio de un familiar del menor en Cali volvió a encender las alarmas. A raíz del crimen, no solo aumentó la tensión en la familia, sino que empezaron a circular distintas hipótesis sobre lo que estaría detrás del secuestro.
La víctima fue identificada como Jesús Antonio Cuadros, primo del padrastro de Lyan, quien habría sido asesinado el pasado 22 de mayo en el barrio Bretaña. Este hombre habría sido el encargado de entregar el dinero exigido por los secuestradores para liberar al niño, una cifra que, según se comenta, rondaría los 4.000 millones de pesos.
Tras el homicidio, el personero de Cali, Gerardo Mendoza, informó que la familia de Lyan se encuentra actualmente confinada en un lugar reservado para evitar nuevos ataques. La amenaza latente los habría llevado a contemplar la decisión extrema de salir del país.
Fue precisamente Mendoza quien aseguró, en diálogo con W Radio, que Angie Bonilla, madre del menor, habría manifestado su intención de abandonar Colombia junto a su familia como medida de protección, ante el temor de que qpuedan ser blanco de otro ataque.
Al parecer, los familiares estarían buscando apoyo institucional para iniciar el proceso de salida y, mientras tanto, solicitarían respaldo en temas de seguridad para evitar nuevas tragedias.
Las hipótesis sobre la familia de Lyan siguen creciendo
El secuestro de Lyan, de tan solo 11 años, conmocionó al país entero, que durante días clamó por su liberación. Sin embargo, fue apenas horas después de su regreso a casa que empezaron a surgir nuevas versiones sobre lo que habría motivado el trágico rapto.
Entre la información revelada, se conoció que el padre biológico del menor, José Leonardo Hortúa, fue un temido líder del grupo criminal ‘Los Rastrojos’, asesinado en el año 2013. Esta revelación abrió la posibilidad de que el secuestro estuviera ligado a ese pasado oscuro, que hasta ahora permanecía en silencio.
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De acuerdo con esa hipótesis, el motivo del secuestro habría sido una antigua deuda que quedó pendiente tras la muerte del padre, ya que presuntamente la madre del menor habría sido testaferro del grupo. Al parecer, ella habría quedado con una cuantiosa suma de dinero que, años después, sería reclamada por otro cabecilla de la organización, Diego Rastrojo.
Incluso se dice que el objetivo inicial del secuestro en Jamundí no era Lyan, sino su madre o su padrastro, pero al no encontrarlos, habrían optado por llevarse al menor.
Pese a estas versiones, el día de la liberación, la familia de Lyan aseguró ante los medios ser “una familia honesta y trabajadora”, rechazando cualquier señalamiento que los vincule con actividades ilegales.