En Quinamayó, corregimiento ubicado a unos 20 minutos del casco urbano de Jamundí, la comunidad conmemora el nacimiento del Niño Dios en febrero como símbolo de memoria y resistencia. La tradición, conocida como la del Niño Dios Negro, mantiene vivas raíces que se remontan a la época de la esclavización.
La festividad tiene un origen marcado por la exclusión. Según explica Norman Viafara Aponza, gestor cultural y portador de la manifestación, “Nuestros ancestros por estar eh en ese proceso de esclavización pues no fueron partícipes de este acontecimiento tan importante”. Por esto, los primeros meses del año habrían adquirido un significado especial para la comunidad.

Durante la procesión no solo se revive un pasaje religioso. También se envía un mensaje colectivo. A través de danzas tradicionales, jugas, cantos y oraciones, el pueblo celebra la libertad y reafirma su identidad.
Mirna Rodríguez, matrona de la fiesta y cantadora, lo resume así: “significa todo, porque eso lo llevamosne la sangre cada canción cada verso par anootros sun orgullo ante elniño dios”.
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Los niños ocupan un lugar central en la procesión. Con su participación, la tradición se transmite desde temprana edad. Gustavo Carabalí, cantor del grupo juvenil Casa Loma, afirma: “Tenemos una frase clave, eso lo llevamos en la sangre. Entonces, es muy importante para nosotros de instruir desde niños para que nuestra tradición no se pierda”.
Una tradición que sigue creciendo
Aunque es una celebración propia del corregimiento, este año contó con el acompañamiento de un grupo artístico de Cali. Juan Sebastián Tapier, director de la Corporación Artística Caña Flecha, expresó: “Para nosotros, como una agrupación que salvaguarda, que preserva y conserva. La danza folclórica, eso es muy importante. Nos sentimos muy contentos”.
Para quienes nacieron en Quinamayó, la fiesta va más allá del acto religioso. Luis Carlos Ramos, oriundo del lugar, lo describe como un “Momento muy sano, recreativo, que trae una tradición cultural y es muy significativo para toda la comunidad”.
Así, cada febrero, el nacimiento del Niño Dios Negro se convierte en una muestra de resiliencia y memoria colectiva en este rincón del Valle del Cauca.