Las víctimas del atroz crimen fueron identificadas como Jesús Hincapié y su hijo Diego Hincapié, conocido como “Musingo”, a quienes sorprendieron en el sector de Puente Blanco. Según las primeras versiones, ambos intentaban reparar una falla mecánica en una volqueta cuando los sicarios aparecieron en escena.
El ataque fue letal. Los homicidas abrieron fuego de manera indiscriminada, segando la vida de ambos hombres de forma instantánea. No Hubo tiempo para el auxilio ni espacio para la huida; los cuerpos quedaron tendidos junto al vehículo que intentaban poner en marcha.
Expertos de la SIJIN han desplegado un operativo técnico para reconstruir el rastro de los asesinos. El equipo de criminalística no solo analiza los casquillos recolectados en la escena, sino que rastrea minuciosamente las cámaras de seguridad del corredor vial para identificar la ruta de escape. Cada testimonio y prueba balística es ahora una pieza clave para desarticular la estructura criminal que orquestó esta emboscada en plena frontera departamental.
Un escenario de violencia recurrente
Este doble crimen no es un hecho aislado, sino la repetición de una tragedia que ya marcó este corredor vial. El pasado 5 de enero, en el sector de El Mirador, dos jóvenes de Cartago fueron acribillados bajo una modalidad similar, en un ataque que las autoridades vincularon preliminarmente con el cobro de préstamos ilegales.
La recurrencia de estas emboscadas en la vía Pereira-Cartago despierta serios interrogantes sobre la seguridad en esta frontera departamental. La facilidad con la que los sicarios operan y se desplazan entre Risaralda y el Norte del Valle sugiere una peligrosa dinámica de movilidad delictiva que está convirtiendo esta ruta nacional en un escenario recurrente para el ajuste de cuentas.
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