Los residentes del barrio El Peñón, en el oeste de Cali, viven con miedo. En las últimas semanas, la inseguridad ha ganado terreno en este tradicional sector de la ciudad, donde los hurtos se presentan a cualquier hora del día, sin que los delincuentes parezcan temer consecuencias.
La denuncia fue hecha por varios vecinos, quienes aseguran que la situación se ha vuelto insostenible. En videos y testimonios compartidos en redes sociales, se evidencia cómo atracadores en moto o a pie abordan a los transeúntes con total tranquilidad, incluso en zonas de alta circulación.
“No respetan ni la hora ni el lugar. Roban frente a restaurantes, en los andenes, o cuando uno apenas se baja del carro. El barrio está solo en manos de la delincuencia”, expresó una residente.
El Peñón, conocido por su actividad comercial, su cercanía al centro y su atractivo turístico, se ha convertido ahora en un punto crítico por la ausencia de patrullaje policial constante. Comerciantes y vecinos coinciden en que la presencia de uniformados es mínima, y la respuesta ante emergencias es tardía o, en algunos casos, inexistente. Además, afirmaron que muchos robos no se reportan por desconfianza en el sistema o por considerar que poner la denuncia no sirve de nada.
Los habitantes reclaman una intervención urgente por parte de la Policía Metropolitana y de la Alcaldía de Cali. Piden rondas más frecuentes, cámaras de seguridad operativas y estrategias reales para reducir los delitos que afectan su tranquilidad.
La delincuencia avanza mientras crece el temor en la comunidad
A pesar de ser considerado uno de los barrios más emblemáticos de Cali, El Peñón está viendo cómo su ambiente se deteriora. La constante llegada de visitantes, sumada a la falta de vigilancia, ha sido aprovechada por grupos delincuenciales que actúan con total impunidad.
Motociclistas también han sido blanco frecuente de robos, especialmente en las calles cercanas a la zona hotelera y las salidas hacia el norte del río. “Ya ni en moto se siente uno seguro. Lo siguen hasta que se para en un semáforo y ahí lo encañonan”, contó otro afectado.
La comunidad teme que si las autoridades no reaccionan pronto, el barrio termine estigmatizado y pierda su carácter turístico y cultural, lo que además afectaría a los pequeños negocios que dependen del flujo de visitantes.
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Por ahora, los residentes insisten: no están pidiendo milagros, sino seguridad básica para vivir sin miedo. Esperan que las denuncias ciudadanas se traduzcan en acciones concretas y no en promesas sin cumplimiento.