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‘El Colibrí’: la ecogranja en el techo de una vivienda en Cali

José Herrera creó una eco granja en su casa en Cali, un ejemplo de sostenibilidad urbana que ya inspira a estudiantes y comunidades.

¿Una granja con gallinas, cabras, peces y hortalizas en medio de la ciudad? Parece una idea sacada de un documental, pero es una realidad en Cali gracias al ingenio de José Herrera, un caleño que convirtió el cuarto piso de su casa en la eco granja urbana ‘El Colibrí‘, un espacio que respira sostenibilidad y conciencia ambiental.

“Esto es un proyecto que nació aquí, viendo la necesidad de cuidar el planeta. Porque uno escucha que todo el mundo habla de eso, hablan y hablan, pero muy pocos hacen algo de verdad”, comenta José con la convicción de quien ha sembrado, fallado y vuelto a intentar.

Un proyecto sembrado con las manos y el corazón

El sueño comenzó hace cinco años, con errores, aprendizajes y muchas pruebas. José no tenía un manual ni grandes recursos, pero sí una idea clara: crear un espacio en armonía con la naturaleza, aun en medio del concreto urbano.

Hoy, su eco granja funciona como un ecosistema en miniatura. Gallinas ponedoras que alimentan a la familia, cabras que producen leche, peces que conviven con cultivos hidropónicos, un cerdito rescatado que ahora es parte de la familia, y un sistema de compostaje que transforma los desechos orgánicos en abono para la huerta. Todo conectado, todo pensado para ser autosustentable.

“¿A usted le huele esto feo? No huele a nada”, dice José mientras señala el compostaje. “Aquí hay bacterias benéficas que transforman la materia orgánica en abono para las plantas. Eso es biodiversidad: todo tiene un rol”. Explica que el abono líquido circula a través de una tubería hasta llegar a las raíces de las lechugas, cerrando así un ciclo virtuoso sin desperdicio.

Más que una granja: un acto de generosidad

Pero lo que hace especial a El Colibrí no es solo su diseño. Es el corazón detrás del proyecto. José no cultiva solo para él. Buena parte de su cosecha la dona a comedores comunitarios de la Arquidiócesis de Cali, como aporte a las poblaciones vulnerables de su ciudad. Su granja, además de sostenible, tiene alma social.

Todo lo ha hecho con recursos propios, financiado con lo que obtiene de su taller de artesanías. “Me ha tocado de todo. Esto no lo montó ninguna empresa ni el gobierno, esto salió del amor por la tierra y las ganas de mostrar que sí se puede”, dice con orgullo.

Hoy, El Colibrí se ha convertido en un modelo de educación ambiental. Estudiantes universitarios y curiosos lo visitan para entender cómo es posible generar vida en pleno casco urbano. José recibe con gusto a quienes quieran aprender y sueña con que su mensaje se replique en muchos otros techos de la ciudad.

Su eco granja demuestra que no hace falta tener hectáreas para producir de manera responsable. Solo se necesita compromiso, creatividad y voluntad.

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En tiempos donde el cambio climático y la pérdida de biodiversidad son noticias constantes, la historia de José Herrera y su eco granja urbana es una bocanada de aire fresco. Un recordatorio de que incluso en lo alto de una casa en Cali puede florecer la esperanza de un mundo más verde.