En medio de crecientes críticas y un retraso en los procesos judiciales, los magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) se encuentran en el centro de la polémica. Un exclusivo viaje a un hotel boutique en Palomino, La Guajira, ha desatado un problema interno en el tribunal, poniendo en duda la eficiencia y pertinencia de la institución.
La controversia comenzó cuando el presidente de la JEP, Alejandro Ramelli, extendió una invitación a los demás magistrados para participar en un taller sobre “decisiones estratégicas”, que incluiría un “diálogo con expertos en justicia restaurativa”. La actividad fue planteada como una oportunidad para acelerar los procesos dentro de la JEP. Sin embargo, el lugar elegido y la naturaleza del encuentro generaron un fuerte rechazo. El hotel, situado frente a una playa paradisíaca, ofrece tarifas de hasta un millón de pesos por noche, lo que contrasta con la imagen de austeridad que se espera de una institución encargada de la paz en Colombia.

Además, la controversia se intensificó cuando la magistrada Claudia López Díaz envió una carta al presidente de la JEP, en la que expresaba su preocupación por el viaje, calificando el encuentro como innecesario y contraproducente, advirtiendo que no respondía a las necesidades urgentes de la JEP. “Este evento no se corresponde con las necesidades más apremiantes de la JEP”, escribió la magistrada, señalando que el desplazamiento de toda la magistratura podría retrasar aún más los procesos judiciales.
Críticas por la falta de resultados
El viaje no solo generó críticas internas, sino que también llamó la atención internacionalmente, pues según fuentes en Washington informaron que la carta de López Díaz fue dirigida al Instituto de Paz de Estados Unidos (USIP), el cual ha estado involucrado en el apoyo técnico a la JEP. A pesar de las especulaciones, el USIP negó haber financiado el viaje, aunque reconoció su apoyo en el proceso de aceleración de sentencias.
Este viaje también ha puesto en evidencia las dificultades y demoras en los procesos de la JEP, que después de casi ocho años de funcionamiento aún no ha emitido una sentencia condenatoria en casos clave, como los relacionados con las FARC y los falsos positivos.
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La falta de avances significativos en los casos más importantes de la JEP ha generado una creciente presión sobre sus miembros. A pesar de que la corte ha realizado esfuerzos para abordar los crímenes del conflicto armado, los resultados siguen siendo escasos. La crítica más contundente hacia el taller en Palomino es la percepción de que la JEP se distrae con actividades de lujo, en lugar de abordar las demandas urgentes de las víctimas.
La situación ha generado división dentro del tribunal. Además de que Claudia López Díaz y otros magistrados decidieron no participar en el evento, considerando inapropiado el enfoque del encuentro y la oportunidad de ocio que este ofrecía. La carta de López Díaz también hizo un llamado a reflexionar sobre la pertinencia de suspender los términos durante el evento, lo que podría retrasar aún más los ya lentos procesos.