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Centro Democrático promete borrar grafitis petristas en las calles

Uribismo anuncia que borrará los grafitis pro-Petro tras el llamado del presidente a expresarse mediante arte urbano en las calles.

En Colombia, hasta los muros se han convertido en terreno de disputa política. La reciente propuesta del presidente Gustavo Petro, invitando a los jóvenes a expresarse con pintura, desató una nueva confrontación que ya no se libra en el Congreso ni en las redes sociales, sino en la calle, brocha en mano.

Petro animó a la juventud a hacer uso del arte urbano como un canal para compartir sus ideas y emociones. Habló de grafitis como símbolos de cultura, resistencia y libertad, una herramienta más en la construcción de una sociedad consciente y participativa. Su mensaje, sin embargo, no tardó en recibir respuesta.

El contraataque llega con brocha y rodillo

Desde la orilla contraria, el activista Josias Fiesco, miembro del Centro Democrático, dejó claro que no permitirán que los muros sean tomados por lo que denomina “mensajes de odio”. Su reacción fue directa: anunció brigadas ciudadanas dispuestas a borrar cualquier mural que asocien con el petrismo. La consigna, publicada en redes, fue contundente: “Grafiti que pinten, grafiti que borramos”.

Fiesco no solo emitió una advertencia. También explicó que ya están coordinando equipos en distintas ciudades y barrios, con la intención de intervenir rápidamente cualquier expresión artística que consideren ofensiva o peligrosa. Argumenta que los ciudadanos tienen derecho a rechazar lo que, según él, es una forma encubierta de adoctrinamiento ideológico.

En su relato, no se trata de censura, sino de proteger los espacios públicos. Cita, por ejemplo, un mural con imágenes de calaveras cerca de una guardería, que, según sus palabras, generó molestia en la comunidad. “Eso no es arte. Es imposición. Y con rodillo en mano, lo vamos a eliminar”, afirmó con tono desafiante.

Una disputa entre símbolos y narrativa

Esta nueva confrontación tiene tintes más profundos. No es solo una pelea por pintura en las paredes, sino por el control del relato social, por el derecho a ocupar simbólicamente los espacios cotidianos. Lo que unos ven como arte de protesta, otros lo leen como propaganda política.

El llamado del presidente a “usar al máximo el arte” fue celebrado por algunos sectores culturales que defienden el grafiti como una forma legítima de comunicación. Pero en el sector conservador, como lo demuestra la postura del Centro Democrático, la propuesta es vista como un intento de instrumentalizar el arte para influir ideológicamente en los ciudadanos.

Fiesco insiste en que no se oponen al arte, sino al contenido que, según él, promueve divisiones. “No queremos mensajes que siembren rencor ni imágenes agresivas. Defendemos una estética ciudadana y limpia”, declaró mientras anunciaba que continuarán organizándose para cubrir cualquier grafiti que asocien con el Gobierno.

¿Expresión cultural o polarización pintada?

Este choque refleja que la polarización política ha llegado a niveles simbólicos, donde incluso la pintura se vuelve trinchera. Las calles podrían convertirse pronto en escenario de un nuevo tipo de manifestación, donde los pinceles y rodillos actúan como banderas ideológicas.

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Lo que está por verse es si esta batalla estética dará paso a un diálogo cultural más amplio o si, por el contrario, alimentará la ya profunda división entre los bloques políticos. Por ahora, el debate está pintado en los muros. Y cada quien, con su brocha, defiende su versión del país.