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La paradoja del salario mínimo en Colombia: entre la dignidad laboral y el estancamiento económico

El aumento del 23% para 2026 enfrenta el desafío de la inflación y la precarización de la clase media profesional.

La fijación del Salario Mínimo Mensual Legal Vigente (SMMLV) en Colombia se consolida como uno de los hitos económicos más complejos del año. Más allá del valor nominal decretado, el ajuste para este 2026 invita a una evaluación técnica sobre la capacidad real del país para sostener incrementos que no están respaldados por una mejora proporcional en la productividad nacional. El fenómeno revela una tensión persistente entre la necesidad de un ingreso digno y las leyes de un mercado que castiga el aumento del flujo monetario sin un crecimiento equivalente del Producto Interno Bruto (PIB).

El alcance real del beneficio: el 10% de la población

Un análisis de la estructura laboral permite establecer que el aumento del salario mínimo impacta de manera directa a solo 1 de cada 10 ciudadanos en edad de trabajar. Esta minoría pertenece al sector formal de la economía que devenga estrictamente un salario básico. Sin embargo, existe un amplio sector de la población que no percibe el beneficio del decreto, pero que experimenta una vulnerabilidad crítica ante sus consecuencias:

  • Informalidad laboral (55,4%): según reportes recientes, más de la mitad de los ocupados en el país trabajan en condiciones de informalidad. Para este sector, el decreto no garantiza un aumento de ingresos, pero sí genera una pérdida inmediata de poder adquisitivo debido al alza en los precios de bienes y servicios básicos.
  • Profesionales y clase media con ingresos estancados: ciudadanos cuyos salarios no están sujetos por ley al incremento del mínimo. Este grupo experimenta una “convergencia salarial” donde el costo de vida sube indexado al mínimo, pero su remuneración se mantiene estática, lo que desvaloriza su formación académica y reduce su calidad de vida.
  • Desempleados y población de bajos ingresos: quienes, al no poseer una fuente de ingresos estable, enfrentan de forma directa el encarecimiento de la canasta básica derivado de la presión inflacionaria y la especulación que suele acompañar al nuevo salario.

La transferencia de costos y el auge de la tercerización

Es imperativo precisar que, aunque el incremento salarial es anunciado y decretado por el Gobierno Nacional, el Estado no asume el impacto financiero de esta medida. El costo operativo recae íntegramente sobre las empresas y los empleadores particulares. Ante la imposibilidad de muchas micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) para absorber la carga prestacional y parafiscal que acompaña al salario mínimo, se observa un desplazamiento hacia modelos de contratación alternativos.

Este escenario fomenta la tercerización de servicios y el uso extensivo de la contratación por prestación de servicios. Bajo estas modalidades, las organizaciones buscan mitigar los costos de seguridad social, primas y cesantías, trasladando parte de la carga administrativa al trabajador. El resultado es un mercado laboral que, en el intento de garantizar un piso salarial alto, termina incentivando la inestabilidad y la falta de garantías prestacionales a largo plazo.

Especulación comercial y el traslado al consumidor final

En el papel, el ordenamiento jurídico busca que diversos productos de la canasta básica no suban de precio proporcionalmente al salario mínimo. Sin embargo, en la práctica económica, se produce un fenómeno de especulación y traslado de costos. Los comerciantes y productores, buscando salvaguardar sus márgenes de rentabilidad frente al aumento de la nómina y los insumos, ajustan los precios de venta al público.

Este comportamiento genera una inercia inflacionaria donde el aumento nominal del salario es absorbido por el mercado antes de que finalice el primer trimestre del año. La inflación, por tanto, actúa como un regulador natural que devuelve el valor real del dinero a los niveles de productividad del país, anulando la intención inicial de mejora del bienestar.

La desvalorización del profesional y la convergencia salarial

Uno de los efectos más críticos de la política salarial actual es la desvalorización del capital intelectual y la formación académica. Mientras el salario mínimo goza de una protección legal de aumento obligatorio, los salarios de profesionales, especialistas y técnicos suelen permanecer estancados o con ajustes limitados al Índice de Precios al Consumidor (IPC).

Este fenómeno provoca que la brecha entre un trabajador no calificado y un profesional se reduzca sistemáticamente cada año. El profesional debe enfrentar el alza del costo de vida (servicios, vivienda, alimentación) impulsada por el mínimo, pero con un ingreso que pierde valor real. Esto no solo empobrece a la clase media, sino que desincentiva la inversión personal en educación superior, al percibirse una menor rentabilidad económica frente al esfuerzo académico.

El valor del dinero frente a la productividad global

El valor de una moneda no reside en el papel impreso, sino en la capacidad de una nación para transformar recursos en bienes y servicios de alto valor. Al comparar a Colombia con economías desarrolladas y de la región en este inicio de 2026, la diferencia fundamental no es el salario, sino la relación entre este y el PIB.

La siguiente tabla permite entender por qué la cifra nominal del salario en Colombia no puede compararse de manera aislada con el resto del mundo, resaltando la importancia de la productividad (valor generado por cada hora de trabajo):

País / RegiónSalario en Dólares (aprox.)Relación con el costo de vidaProductividad y PIB
Colombia$500 – $530Baja:
La mayoría del ingreso se gasta en alimentación y servicios básicos.
Baja:
Dependencia de sectores primarios; poca innovación técnica.
Chile / Uruguay$550 – $600Moderada:
Mayor capacidad de ahorro en comparación con la región.
Media:
Economías más diversificadas y con mejores indicadores de PIB per cápita.
EE. UU.$1.200 – $2.000Alta:
Gran capacidad de consumo, aunque los servicios de salud y vivienda son costosos.
Alta:
El PIB es impulsado por tecnología de punta y procesos automatizados.
Suiza / Luxemburgo$4.000 – $5.500Excepcional:
Permite un estándar de vida superior incluso con precios internos elevados.
Excepcional:
Economías de servicios financieros y ciencia de alto valor agregado.

En el primer mundo, los salarios son elevados porque la productividad por hora trabajada es superior gracias a la automatización y la infraestructura. En Colombia, la tendencia es aumentar el salario por estrategia política (especialmente en años previos a contiendas electorales) para generar una percepción de bienestar que la economía real no puede respaldar.

Reflexión técnica final

El desarrollo económico sostenible requiere que los aumentos salariales sean la consecuencia de un crecimiento real del PIB y no una causa forzada por decreto. Si bien el trabajador merece una remuneración digna, esta solo se mantiene en el tiempo si existe un aparato productivo capaz de generar riqueza. Mientras Colombia no logre un aumento sustancial en su eficiencia y competitividad, el aumento del salario mínimo seguirá siendo una medida de corto plazo que presiona la inflación, asfixia al pequeño empresario y desvaloriza el esfuerzo del profesional.

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