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Secuestrado y solo, Lyan marcó el tiempo con sus uñas

Los estremecedores detalles del cautiverio de Lyan Hortúa, el niño de 11 años secuestrado.

Un testimonio que conmueve profundamente, la personera delegada de Cali reveló que Lyan Hortúa, durante los 18 días que estuvo secuestrado, trazaba líneas en una pared con sus uñas para contar el paso del tiempo. El niño, de apenas 11 años, fue raptado por hombres armados en una urbanización en Jamundí y trasladado a una zona montañosa controlada por el frente Jaime Martínez de las disidencias de las Farc.

“El menor marcaba los días con sus uñas, un gesto desgarrador de supervivencia”, afirmó la funcionaria luego de una mesa de trabajo en el municipio, que busca esclarecer lo sucedido y establecer responsabilidades. El niño fue liberado tras intensas gestiones humanitarias encabezadas por la Defensoría del Pueblo y la Cruz Roja Internacional, y actualmente recibe atención médica y psicológica en Cali.

Padrastro de Lyan José

Durante su secuestro, Lyan permaneció amarrado por varios días. Su padrastro, Joshua Suárez, narró con dolor que el menor se sintió humillado, aunque pudieron hablar con él en dos breves videollamadas que sirvieron como pruebas de vida. El reencuentro con su madre, Angie Bonilla, en la clínica, fue descrito por ambos como un “milagro” después de casi tres semanas de angustia.

Familia de Lyan José cuestionó apoyo de la Policía

La familia ha cuestionado duramente la seguridad de la unidad residencial donde ocurrió el secuestro, señalando fallas en la vigilancia privada y la inacción de la Policía. “Esa noche oscura nos sentimos completamente solos”, afirmó Suárez, quien también considera abandonar el país por seguridad.

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Mientras Lyan intenta retomar su vida, las autoridades avanzan en la investigación del caso. El general Carlos Oviedo, comandante de la Policía Metropolitana de Cali, indicó que se priorizó la protección del niño, pero ahora es fundamental identificar a los responsables.

El caso de Lyan no solo refleja la crudeza del conflicto que aún persiste en algunas zonas del país, sino también la fragilidad de los mecanismos de protección a la niñez. Su historia, marcada por el miedo y la esperanza, se ha convertido en símbolo de una Colombia que aún busca respuestas frente al poder de los violentos.