Durante más de cinco décadas, “La Ñata”, un caimán aguja (Crocodylus acutus), vivió como mascota en el patio trasero de una vivienda en Palmira, Valle del Cauca. Su historia dio un giro inesperado en febrero de 2025, cuando las autoridades ambientales la rescataron tras años de vivir en condiciones inadecuadas. Esta semana, luego de un largo proceso de recuperación, las entidades responsables la trasladaron al Vivarium de Pontezuela, en Cartagena, donde vivirá bajo cuidado profesional y no podrá regresar al entorno silvestre.
La Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), con apoyo de la Policía y la Fiscalía, lideró el operativo de rescate. Los funcionarios hallaron a “La Ñata” en estado de desnutrición, con signos de deshidratación y posibles afecciones renales. Luego la trasladaron al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAV) en San Emigdio, donde comenzó un riguroso plan de recuperación física y comportamental.
Durante los nueve meses siguientes, recibió una dieta balanceada de más de 2.700 kilocalorías diarias. Esta incluyó pollo, pescado, res e hígado, complementada con suplementos nutricionales. Uno de los principales logros del proceso, según la CVC, fue la reactivación de su instinto depredador, al demostrar que podía cazar y alimentarse de presas vivas.
Monitoreo y adaptación a un entorno más natural
Cámaras trampa permitieron hacer un seguimiento detallado de su evolución. El espacio donde permaneció incluyó áreas acuáticas, zonas soleadas y diversos estímulos para favorecer su comportamiento natural. La intención fue prepararla para una vida en cautiverio bajo estándares adecuados, aunque no apta para la reintegración plena a un ecosistema libre.
Marco Antonio Suárez, director general de la CVC, anunció en sus redes sociales el traslado al Vivarium en Bolívar. Allí, explicó, “La Ñata” será monitoreada permanentemente, en un hábitat especializado para reptiles, en alianza con la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique (Cardique) y la Fuerza Aérea Colombiana.
Jesús Leonardo Escobar, su antiguo cuidador, afirmó que en 2008 pidió ayuda a la CVC sin recibir respuesta. La entidad, por su parte, asegura que desconocía la existencia del animal en esa residencia. El caso de “La Ñata” revive el debate sobre la tenencia de fauna silvestre. Suárez recalcó que los animales silvestres no son mascotas. “Deben vivir en condiciones naturales, no en patios traseros”, enfatizó.
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Mientras tanto, en el Congreso avanza un proyecto de ley que busca regular la convivencia con animales en conjuntos residenciales. La iniciativa propone permitir la presencia de animales rescatados en zonas comunes, prohíbe su desalojo y obliga a la inscripción de mascotas. Si se aprueba, fortalecerá el marco de protección para los animales en contextos urbanos. Y será, quizá, otra forma de impedir que historias como la de “La Ñata” se repitan.