Los ciudadanos vallecaucanos siguen marcados por la tensión entre la esperanza y la frustración. Así lo refleja la cuarta entrega de la encuesta ValleVa, realizada entre el 15 y el 24 de agosto de 2025 en diez municipios del departamento. En total se aplicaron 1.397 encuestas en Cali, Palmira, Jamundí, Yumbo, Buga, Tuluá, Cartago, Buenaventura, Candelaria y Sevilla, lo que ofrece una radiografía precisa de las percepciones ciudadanas en torno a la gestión de sus mandatarios y al rumbo del país y de la región.
Los resultados muestran un territorio complejo, dividido entre el respaldo a liderazgos locales, la desconfianza hacia figuras nacionales y la reafirmación de un orgullo regional que, pese a todo, permanece intacto.
La gobernadora Dilian Francisca Toro: un piso sólido en medio de la turbulencia
La gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, mantiene un nivel de respaldo significativo. Su aprobación en agosto fue de 49,7%, frente a un 31,5% de desaprobación y un 18,8% de indecisos.
Aunque esta cifra es ligeramente inferior al 52% de mayo y el 51% de febrero, la mandataria conserva un piso político sólido. Desde noviembre de 2024, cuando registró 52% de aprobación, su gestión ha tenido una tendencia muy leve a la baja, pero el contraste con la desaprobación de Petro la ubica en un lugar más cómodo.
El análisis político es que Dilian representa la continuidad de los clanes regionales, con décadas de presencia en el poder local, pero su experiencia le ha permitido administrar un discurso de cercanía con las comunidades y resultados tangibles en gestión. Para muchos, encarna la figura de la autoridad tradicional frente al proyecto disruptivo de Petro.
Este respaldo, cercano al 50%, le da margen de maniobra para negociar con el gobierno nacional y posicionar al Valle como un interlocutor clave. Si Petro aparece fracturado en el departamento, Dilian se consolida como una figura que, pese a los cuestionamientos, logra mantener legitimidad en el terreno.
Petro en el Valle: luces y sombras de una relación compleja
En contraste, la figura del presidente Gustavo Petro vuelve a ser uno de los puntos más sensibles de la encuesta. A nivel departamental, su gestión recibió un 39,7% de aprobación, frente a un 48,6% de desaprobación y un 11,7% de encuestados que no supieron o no quisieron responder.
Si se comparan con las mediciones anteriores, las cifras revelan un leve repunte frente a mayo de 2025, cuando la aprobación había caído al 36,2%. Sin embargo, sigue estando por debajo del 37% de febrero y aún más distante del 42,3% registrado en noviembre de 2024, cuando su relación con el Valle mostraba una fortaleza mayor.
El análisis es inevitable: aunque Petro recupera un poco de oxígeno, la tendencia general ha sido a la baja. Su discurso transformador parece encontrar cada vez más resistencia en un departamento donde coexisten realidades urbanas críticas, como la inseguridad en Cali, con territorios que siguen viendo en él una esperanza de cambio, como Buenaventura o Palmira.
Petro municipio por municipio: contrastes en el mapa político
Los resultados desagregados por municipios confirman que Petro no es un fenómeno homogéneo en el Valle.
En Buenaventura, el mandatario sigue siendo una figura con amplio respaldo: 52% de aprobación frente a un 33% de desaprobación, con apenas un 15% de indecisos. Allí, donde la desigualdad ha marcado la historia, las políticas sociales y el énfasis en inclusión parecen mantener viva la confianza en su proyecto.
En Palmira, el panorama es también positivo: 48,5% aprueba su gestión, frente a un 40,2% que la desaprueba y un 11,3% que no responde. Palmira aparece como el bastión del centro del Valle para Petro, un terreno fértil donde su discurso aún conecta con la población.
Yumbo y Jamundí muestran un respaldo moderado: en Yumbo, 48% aprueba y 32,4% desaprueba; mientras que en Jamundí, 44% aprueba y el 37% desaprueba. Estos municipios reflejan que, aunque existe apoyo, también hay sectores indecisos que pueden inclinar la balanza en futuros escenarios políticos.
En contraste, Cali, epicentro político y social del departamento, refleja la fractura: 39,1% de aprobación frente a un 52,8% de desaprobación, con un 8,1% de encuestados sin respuesta. Cali, que fue decisiva en su elección de 2022, hoy le pasa factura por la inseguridad, los problemas de movilidad y la percepción de que el cambio prometido no llegó a materializarse.
Buga y Candelaria también muestran una desaprobación mayor que la aprobación: en Buga, 33% aprueba y 50% desaprueba; en Candelaria, 43,9% aprueba y el 52% desaprueba.
Más críticos aún son los municipios del norte: en Cartago, Petro apenas obtiene 26,5% de aprobación, frente a un abrumador 64,3% de desaprobación; mientras que en Sevilla los números son similares: 23,8% lo aprueba y 64,4 % lo rechaza.
La conclusión es clara: Petro tiene una base sólida en Buenaventura, Palmira, Yumbo y Jamundí, pero su talón de Aquiles está en Cali, Buga, Candelaria y el norte del Valle. El mapa político muestra un presidente en disputa, que necesita recomponer puentes con las clases medias urbanas si no quiere que el desgaste se profundice.
Alcaldes en el tablero local: liderazgos fragmentados
El estudio también midió la gestión de los mandatarios municipales, dejando ver contrastes profundos entre unos y otros. La diversidad de resultados refleja cómo las percepciones ciudadanas dependen tanto de la gestión concreta como de la situación social y económica de cada territorio.
Palmira se destaca con Victor Manuel Ramos alcanzando una de las cifras más altas: 67% de aprobación frente a un 23,7% de desaprobación, con un 9,3% de indecisos. El municipio no solo resulta favorable a Petro, sino que también evidencia un respaldo ciudadano sólido a la gestión local, probablemente asociado a avances en infraestructura y programas sociales.
El alcalde Edgar Ruiz, de Yumbo, obtiene 57,8% de aprobación y 13,7% de desaprobación, aunque un 28,4% de encuestados no sabe o no responde, revelando un margen de incertidumbre sobre su figura. Este panorama sugiere que, pese al apoyo evidente, existe expectación sobre los resultados de su gestión o la comunicación de sus logros.
Gustavo Vélez mantiene un nivel de respaldo en Tuluá, con 49,5% de aprobación frente a 33% de desaprobación y 17,5% de indecisos. Las cifras reflejan un equilibrio relativo, marcado por los retos de gobernar un municipio afectado por violencia y problemáticas sociales.
Jamundí enfrenta un escenario más complejo: Paola Castillo registra apenas 25% de aprobación frente a 45% de desaprobación y un 30% de indecisos. La combinación de inseguridad, descontento por la gestión administrativa y la expansión urbana sin control explican esta caída, mientras el alto porcentaje de indecisos indica que buena parte de la población aún espera resultados concretos.
Gessica Vallejo logra 48% de aprobación en Candelaria, 45,9% de desaprobación y 6,1% de indecisos. La cercanía entre aprobación y desaprobación sugiere un municipio polarizado, donde los avances son reconocidos pero las falencias también pesan en la percepción ciudadana.
En Buga, Karol Martinez alcanza 29,8% de aprobación frente a 52,1% de desaprobación y 18,1% de indecisos, lo que evidencia problemas de legitimidad y dificultades para responder a las expectativas de los ciudadanos.
Cartago muestra una situación dividida, con Juan D. Piedrahita obteniendo 38,8% de aprobación, 37,8% de desaprobación y 23,5% de indecisos, reflejando un sector importante de la población indeciso, posiblemente por incertidumbre sobre el rumbo de las políticas locales.
La alcaldía de Buenaventura, bajo Ligia Córdoba, registra 32% de aprobación, 50% de desaprobación y 18% de indecisos. La baja aprobación evidencia la persistencia de desafíos estructurales que limitan el respaldo ciudadano, como desigualdad y deficiencias en servicios públicos.
Por último, Sevilla se posiciona como una de las alcaldías más cuestionadas del norte del Valle, con Manuel Quintero obteniendo 28,7% de aprobación frente a 57,4% de desaprobación y 13,9% de indecisos. La alta desaprobación refleja problemas de gobernabilidad y percepción de falta de respuestas efectivas a las necesidades locales.
El panorama general evidencia alcaldías con respaldo sólido, Palmira y Yumbo, y otras en crisis de legitimidad, Jamundí, Buga, Sevilla, confirmando que el liderazgo municipal en el Valle está fragmentado. Las cifras sugieren que la aprobación depende de la capacidad de cada alcalde para atender seguridad, gestión social e infraestructura, así como de su habilidad para conectar con las expectativas ciudadanas.
Clima electoral y percepción política
La encuesta también revela un electorado activo, consciente de su voto, pero marcado por la polarización y la desconfianza hacia los líderes nacionales. Un 69,5% de los vallecaucanos planea participar en las próximas elecciones presidenciales, frente a un 15,3% que no votará y un 15,2% que aún no ha decidido. Esto muestra que la participación sigue siendo alta, aunque con un sector significativo de indecisos que podría inclinar los resultados finales.
En cuanto a los candidatos respaldados por Gustavo Petro, apenas un 27,4% votaría por ellos, mientras que un 55,1% se muestra en contra y un 17,4% es indiferente. Este bajo respaldo evidencia un fuerte escepticismo hacia la influencia del presidente a nivel local y sugiere que muchos votantes valoran más la gestión y credibilidad de los aspirantes que las alianzas políticas.
Por su parte, los candidatos apoyados por Álvaro Uribe tampoco gozan de un amplio respaldo: solo un 21% votaría por ellos, mientras que un 62,3% los rechaza y un 16,7% se muestra indiferente. La reacción frente a Uribe refleja un mismo patrón de desconfianza hacia figuras nacionales que intentan influir en la política local, consolidando un electorado crítico y autónomo.
En términos ideológicos, el Valle se presenta como un territorio pragmático: el 66,2% de los encuestados no tiene una inclinación política definida, mientras que derecha (16,3%), izquierda (10,7%) y centro (3,8%) conforman minorías. Esta configuración sugiere que los votantes priorizan la gestión municipal, la credibilidad de los candidatos y la percepción de resultados concretos sobre la afiliación partidaria. Además, un 3% prefirió no declarar su orientación, lo que refuerza la idea de un electorado cauteloso frente a compromisos ideológicos explícitos.
El panorama electoral que se dibuja es, por tanto, de ciudadanos críticos y evaluativos: si bien existe un interés evidente por participar, la lealtad a figuras políticas tradicionales es débil y la decisión de voto dependerá en gran medida de la capacidad de los candidatos para mostrar soluciones concretas a problemas locales y conectar con las emociones y expectativas de la población.
La situación del departamento y del país: un espejo roto
Más allá de las figuras políticas, la encuesta exploró cómo perciben los ciudadanos la situación actual. En el Valle del Cauca, apenas un 22% considera que la situación ha mejorado en comparación con hace un año, mientras que el 30,6% cree que ha empeorado y un 47,4% piensa que sigue igual.
Sin embargo, al escuchar la palabra “Valle” despierta sentimientos muy positivos: alegría (81,2%), tristeza (9,6%) y miedo (3,4%). Esto refuerza la idea de que, a pesar de los problemas, los vallecaucanos mantienen una percepción más esperanzadora de su territorio frente a la realidad nacional.
En contraste, la percepción sobre el país es marcadamente crítica: el 52,3% lo considera inestable y un 20% muy inestable, mientras que apenas un 13,2% lo ve estable y solo un 0,9 % muy estable. Un 12,2% se mantiene neutral y 1,4% no respondió. Esta distribución evidencia un fuerte sentimiento de incertidumbre y desconfianza hacia las instituciones nacionales, que se ve reforzado por la violencia, los cambios constantes en el gabinete y los escándalos de corrupción.
El panorama emocional refuerza esta percepción. La situación actual del país despierta tristeza en un 45,6% de los encuestados, miedo en un 14,2%, desagrado en un 11,2%, ansiedad en un 9,3%, alegría en un 14,1 % e ira en un 3,1%. Solo un porcentaje marginal no respondió. Esta combinación evidencia cómo predomina la frustración y la preocupación frente a la gestión nacional, mientras que la alegría aparece limitada a sectores que aún perciben oportunidades o resultados positivos puntuales.
Al comparar estas cifras con la percepción regional del Valle del Cauca, donde la evaluación es relativamente más favorable, se aprecia cómo la identidad local y la fortaleza de ciertos sectores económicos funcionan como un amortiguador frente a la sensación de crisis nacional.
Identidad y orgullo vallecaucano: un cemento social
El orgullo por ser vallecaucano se mantiene sólido. Este sentimiento se sostiene a pesar de la percepción de inseguridad en las ciudades, el resurgimiento de actores armados ilegales y la sensación de desgaste institucional, marcada por cambios frecuentes en el gabinete, escándalos y episodios de corrupción. La seguridad y la confianza en las instituciones son desafíos presentes, pero no logran erosionar la conexión emocional con la región.
La resiliencia histórica y colectiva es un rasgo definitorio: los vallecaucanos muestran capacidad para adaptarse y sobreponerse a dificultades, desde la violencia y el conflicto armado hasta la polarización política. Expresiones como “El colombiano se adapta, resiste y encuentra maneras de salir adelante” o “El colombiano nunca se rinde” reflejan cómo la unión social funciona como un soporte emocional frente a la adversidad.
La cultura, la música y la gastronomía emergen como pilares de identidad y cohesión social. La salsa no se percibe solo como un género musical, sino como un lenguaje cultural compartido entre generaciones. Las raíces afrodescendientes del Pacífico se expresan con fuerza en eventos como el Festival Petronio Álvarez, mientras que preparaciones tradicionales como la lulada, el cholado, el mazato o el viche refuerzan vínculos de identidad y orgullo regional. “Aquí se nace bailando salsa” o “La lulada y el cholado son cosas que uno extraña cuando está por fuera” son reflejos de la importancia cultural en la vida cotidiana.
El mestizaje cultural consolida una sociedad abierta y hospitalaria, donde la amabilidad, la calidez y la alegría son atributos distintivos. Esta diversidad no solo fortalece la identidad, sino que actúa como cemento social que mantiene cohesionada a la población frente a desafíos históricos y contemporáneos. “La gente que viene se siente en casa” y “Ser del Valle es ser alegre” sintetizan cómo la identidad regional sobrevive y se enriquece incluso en contextos de incertidumbre y polarización.
Un Valle en disputa política y emocional
En conclusión, la encuesta deja en evidencia que el Valle del Cauca es un territorio de contrastes. Petro mantiene apoyo relativo en algunos municipios, pero genera desconfianza en amplios sectores de la población. Dilian Francisca Toro consolida un liderazgo regional con emociones positivas más estables, aunque con retos que deberá gestionar.
El orgullo vallecaucano se mantiene como factor de cohesión frente a crisis y polarización, mientras la población muestra resiliencia histórica ante la violencia, inseguridad y dificultades institucionales. La cultura, la gastronomía y la música refuerzan este sentido de pertenencia, funcionando como un amortiguador emocional frente al pesimismo nacional.
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El resultado final es un Valle en disputa política, pero con identidad fuerte y emociones colectivas que combinan esperanza, prudencia y resiliencia, recordando que los ciudadanos valoran la gestión local y los símbolos culturales tanto como las decisiones de los líderes nacionales. Un recordatorio de que, incluso en la polarización, el Valle mantiene viva su identidad y su capacidad de resiliencia.