La solidaridad entre países se nota aún más en los malos momentos. Mientras hoy el mundo se mueve para enviar ayuda a Venezuela por los devastadores terremotos recientes, la historia nos recuerda que hace casi setenta años los papeles estaban al revés.
El vecino país le regaló a la capital del Valle un bloque residencial completo para darles techo a cientos de damnificados de la peor tragedia que ha vivido nuestra ciudad. Ese gigante de concreto todavía adorna las calles caleñas.
Una mano amiga tras una de las peores noches de la ciudad. El 7 de agosto de 1956, la “Sucursal del Cielo” se estremeció por completo, una caravana militar cargada con más de mil cajas de dinamita estalló por accidente en el centro de la ciudad.

El estallido dejó cerca de 1.300 muertos, millas de heridos y barrios enteros vueltos cenizas. Ante semejante emergencia humanitaria, el gobierno de Venezuela reaccionó rápido y mandó un proyecto habitacional único para salvar a las familias que quedaron en la calle.
¿Cómo llegó este edificio a cambiar el norte de Cali?
La ayuda no se quedó en simples promesas ni en giros de dinero. El gobierno venezolano mandó los planos de una megaestructura diseñada por el famoso arquitecto Carlos Raúl Villanueva. Una investigación detallada de La FM en los Archivos Municipales revela que este imponente edificio se levantó en menos de seis meses.
Los obreros trabajaron a toda marcha para frenar el sufrimiento de los damnificados. La torre se construyó con un estilo arquitectónico idéntico al que se usaban en los barrios modernos de Caracas.
Un bloque de quince pisos que esconde mucha historia
La estructura tiene dimensiones colosales para la época, con casi 90 metros de frente cerca de la emblemática Avenida Sexta. Los registros de la época describen que los ingenieros usaron armado concreto, materiales prefabricados y ventanería metálica resistente. El diseño final incluyó quince pisos conectados de forma estratégica y una pequeña zona comercial en la planta baja para el beneficio de la comunidad.
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El enorme edificio se encuentra ubicado a pocos metros de los antiguos talleres del Ferrocarril del Pacífico, donde hoy opera un conocido centro comercial. Las familias caleñas encontraron en estos apartamentos un espacio con áreas verdes compartidas y parqueaderos comunales. Décadas después de la explosión de los camiones militares, la edificación sigue en pie como un símbolo de hermandad entre ambas naciones.