Anderson Yonda Cañas, mejor conocido como alias “Pepo”, emergió en los registros judiciales como un antiguo guerrillero del Frente Sexto de las Farc que, tras declararse desmovilizado, retomó actividades criminales en el norte del Cauca. Allí, entre zonas como Guacas y La Cominera, tejió redes clandestinas. Se desplazaba como un excombatiente para obtener información de la fuerza pública, valiéndose de su supuesto estatus de reintegrado para fortalecer su estructura criminal.
Su nombre reapareció públicamente tras el ataque del 21 de agosto contra la Base Aérea de Cali. La Fiscalía lo identificó como pieza clave tras descubrir su participación en la creación de vehículos bomba y en la planificación de la operación. Hasta ocho personas murieron y más de 70 resultaron heridas. Esta revelación sacó a la luz un prontuario oscuro que remontaba años atrás.
Según señaló Infobae, los antecedentes penales de alias Pepo suman múltiples ingresos a cárceles: pasó por establecimientos en Santander de Quilichao, Villahermosa de Cali y Popayán. Lo capturaron en diciembre de 2013, aunque ya existía una orden judicial desde 2009 emitida en Jamundí. Logró salir en noviembre de 2016, lo que evidencia una trayectoria judicial llena de altos y bajos.
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Este historial le permitió maniobrar desde la clandestinidad. Mientras muchos creían que había desaparecido, él consolidaba alianzas con disidencias posFarc, extendía su control territorial y seguía fabricando explosivos. Mantener una vida oculta fue su fortaleza más peligrosa.
El círculo del crimen: padre e hijo involucrados
El legado criminal cobró una dimensión aún más inquietante cuando se confirmó la participación de Walter Yonda Ipía, hijo de alias Pepo, en el atentado en Cali. Ambos operaron desde territorios rurales del Cauca, como La Cominera y El Descanso, para coordinar entregas de explosivos y preparar el dispositivo que estalló cerca de la Base Aérea.

Tras el ataque, Walter intentó huir entre las calles del barrio Alfonso López, pero fue capturado. Las autoridades rastrearon la trayectoria del camión bomba desde el Cauca hasta ese sector, confirmando la conexión entre padre e hijo. La investigación reveló que esta pareja criminal no actuaba en solitario, sino dentro de una red estructurada.
El modus operandi: disfraz de reinsertado y alianzas estratégicas
Alias Pepo explotó su reputación de reintegrado para evitar sospechas. En su estrategia, fingir pertenencia al proceso de paz le otorgó inmunidad aparente, lo que le permitió evadir controles y acceder a zonas estratégicas. Esa doble identidad le permitió levantar estructuras criminales con escasa vigilancia.
Además, construyó alianzas con disidencias de las Farc en el norte del Cauca, usando contactos antiguos para mantener influencia y recursos suficientes. Montó una operación que fusionó la inteligencia con la violencia: planificó atentados y distribuyó explosivos sin despertar alertas, hasta que el atentado en Cali cambió todo.