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¿Pescados o pecadores? Las creencias que aún marcan la Semana Santa de los caleños

Desde el temor a transformarse en pez hasta la prohibición de barrer la casa.

La Semana Santa en Cali no solo se vive en los templos o en el ascenso a los cerros. Para muchos habitantes, estos días activan un código de conducta basado en mitos y prohibiciones transmitidos por generaciones. En un sondeo realizado por CW+, los caleños recordaron las advertencias que marcaron su infancia y que, en algunos casos, mantienen vigentes como parte de la tradición local.

La creencia más recurrente sigue siendo la transformación física por desobediencia. “Si uno se mete al río o a la piscina, se vuelve pescado”, relatan los ciudadanos entre risas. Este mito, aunque parezca una fantasía lejana, funcionaba históricamente como una herramienta de los padres para garantizar el recogimiento y evitar actividades recreativas durante los días de luto cristiano. El silencio también era una norma estricta; algunos recuerdan que bañarse debía ser un acto casi secreto para no alterar la solemnidad del Viernes Santo.

Prohibiciones domésticas y morales

El catálogo de restricciones heredadas abarca incluso las labores del hogar. Según los testimonios, hacer oficio o barrer hacia la calle estaba mal visto, pues se creía que se expulsaban las buenas energías del hogar. Otros mencionan la prohibición de “rumbear” o incluso de tomar agua en exceso, limitando la rutina exclusivamente a la asistencia a la iglesia. “Antes decían que no se podía hacer mucho ruido”, recuerda uno de los entrevistados, subrayando el rigor con el que las abuelas vigilaban el comportamiento familiar.

En el plano de las relaciones interpersonales, los mitos también alcanzan la esfera privada. La creencia de que tener relaciones sexuales en estos días es un pecado que acarrea consecuencias físicas o espirituales sigue presente en el relato popular. Sin embargo, para las nuevas generaciones, el enfoque ha migrado hacia una ética del respeto. “Lo más importante es no hacerle daño a los demás y tener a Dios presente”, afirma uno de los ciudadanos consultados, alejándose del temor sobrenatural.

Tradiciones que persisten

A pesar de la modernidad, hay costumbres que no pierden terreno en la capital del Valle. El ayuno de carne roja y el ascenso masivo a los cerros de Cristo Rey y Las Tres Cruces se mantienen como las prácticas más sólidas. Para el caleño promedio, cumplir con estas caminatas es una mezcla de penitencia física y plan familiar que define la identidad de la ciudad en abril.

Finalmente, la fe se manifiesta en el deseo de bienestar común. Más allá de los mitos sobre convertirse en pez o las prohibiciones de limpieza, los ciudadanos coinciden en un propósito superior: orar por Colombia y por la familia. Estas voces reflejan una Cali que, aunque se ríe de sus antiguos temores, conserva el respeto por una semana que detiene el ritmo habitual de la ciudad.

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