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Dos patrulleras ayudaron a una madre a dar a luz en el centro de Bogotá

El bebé fue nombrado de cariño “Maito”, en referencia al local donde nació, según sugirieron algunos testigos

El jueves 17 de julio de 2025, hacia las 10:00 a.m., en la zona de San Victorino —una de las más concurridas de Bogotá— una mujer dio a luz dentro de una pañalera del centro comercial La Pajarera. Las patrulleras Leidy Quiñones y Heidi Hernández, del Grupo de Fuerza Disponible, fueron clave para el nacimiento. Estaban patrullando la zona cuando un vigilante alertó sobre la situación. Al llegar, hallaron a la mujer con contracciones avanzadas, acompañada de su pareja. La escena se desarrolló ante la mirada atónita de clientes y comerciantes.

La mujer, que no esperaba dar a luz ese día, había entrado al local a comprar insumos para su bebé, pero sin embargo, el parto se adelantó. Las patrulleras improvisaron una sala de partos con una manta y guantes, que con serenidad, guiaron a la madre hasta que el bebé nació sano. “Verificamos que respirara, lo limpiamos con una tela que nos prestaron y lo pusimos con su mamá”, relató la patrullera Hernández. A pocos metros, decenas de personas observaban sin intervenir.

Cámaras del centro comercial

Traslado seguro y conmoción ciudadana

Luego del nacimiento, madre e hijo fueron trasladados en una patrulla al centro médico más cercano. La Policía confirmó que ambos se encontraban en buen estado de salud. El bebé fue nombrado de cariño “Maito”, en referencia al local donde nació, según sugirieron algunos testigos. Las imágenes del suceso fueron captadas por cámaras de seguridad y celulares de clientes. En los videos se ve a las patrulleras sosteniendo al bebé y rodeadas de curiosos. También se registra el momento del traslado.

El mayor Gabriel Mahecha, comandante del Grupo de Fuerza Disponible, elogió la acción. “Es un ejemplo claro del compromiso con la vida. Las patrulleras ya habían sido reconocidas por su liderazgo y vocación de servicio”.

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Aunque el caso terminó bien, expertos recuerdan que en situaciones similares es vital actuar con calma. Lo primero: llamar al 123, brindar apoyo emocional y evitar intervenciones médicas sin conocimiento. Este episodio, más allá del asombro, dejó una lección de humanidad, vocación policial y solidaridad urbana en uno de los lugares más caóticos de Bogotá.