Cuando la tierra empezó a temblar en Cali la mañana del 10 de agosto, Claudia Komaromy no salió corriendo. La anestesióloga del Hospital Universitario del Valle (HUV) se quedó dentro del quirófano, junto a una paciente en sedación profunda que no podía moverse ni protegerse por sí misma.
Con ella se quedaron dos residentes que en ese momento aprendían neuroanestesia bajo su supervisión. Los tres resguardaron con sus propios cuerpos a la paciente. La mujer, quien además tenía una limitación de movilidad por un tumor cerebral, nunca se quedó sola mientras el edificio se sacudía y la luz se iba.
“El anestesiólogo es el guardián de la vida. El anestesiólogo es el que tiene que protegerlo, aun cuando eso implique que el anestesiólogo pone en peligro su vida para quedarse con él”, explicó Komaromy a la Alcaldía de Cali.
Un protocolo, no un acto improvisado
Komaromy insistió en que lo ocurrido no es un gesto espontáneo de heroísmo, sino parte de la formación que reciben los anestesiólogos en el país. Según explicó, existen guías y literatura internacional -basadas en la experiencia de países como Chile y Japón- que establecen que, si un paciente está anestesiado, sedado o indefenso, el anestesiólogo debe permanecer a su lado incluso en situaciones de riesgo.
“Todos los anestesiólogos del país en la formación recibimos entrenamiento en este tipo de situaciones”, señaló la médica, quien también es docente de dos de los residentes que la acompañaron ese día.
El momento más crítico
Komaromy relató que el instante más difícil llegó cuando se fue la energía eléctrica en medio del movimiento telúrico. “Obviamente, con el mismo pánico que todo el mundo, con el mismo temor, con la misma sensación inminente de que vamos a morir, de que no hay nada que hacer, sobre todo el momento en que se fue la luz fue bastante crítico”, contó.
Pese al miedo, el equipo médico permaneció junto a la paciente hasta que cesó el movimiento sísmico. Solo entonces procedieron a evacuarla.
Una experiencia que ya había vivido
Lo que ayudó a Komaromy a mantener la calma tiene raíces en su infancia. Nacida en Tumaco, la anestesióloga vivió de niña un terremoto y maremoto en esa región del Pacífico colombiano. Durante ese episodio quedó atrapada en una habitación junto a su madre. Nadie pudo sacarlas de inmediato.
“Sentí que ella me abrazaba y me decía: ‘Quédate quieta, ya todo va a pasar’. Y eso fue lo que recordé en ese momento”, relató. Dijo que su progenitora le confirmó que el pánico no resuelve nada y que la prioridad, incluso en medio del miedo, es proteger a otros.
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