Un mes después del terremoto que sacudió a Cali el 10 de agosto, Diana Troncoso está aprendiendo nuevamente a caminar. La bióloga médica caleña, de 31 años, quedó atrapada entre los escombros del edificio Torres del Limonar, en el barrio Capri, cuando el sismo de magnitud 7.4 golpeó la ciudad durante 90 segundos.
Hoy se recupera en la Fundación Valle del Lili, en el sur de Cali, de las heridas que le dejó el colapso de una de las dos torres de cinco pisos que conformaban el complejo, donde murieron 25 personas.
“El primer momento fue cuando me llegó el mensaje de que había un temblor. Me levanto de la cama y se empezó a mover muy fuerte el edificio: se empezó a caer todo. Entonces lo que hice fue hacerme en el marco de la puerta y allí ya caí”, relató Troncoso. Tras el derrumbe, su primera reacción fue verificar que seguía con vida y revisar su estado físico.

“Tenía el lado izquierdo totalmente inmóvil y estaba aprisionada con una varilla entre mis piernas. De resto, podía mover el brazo derecho y con la bendición de que caí con el celular en la mano”, contó.
Casi 30 horas bajo los escombros
Troncoso permaneció atrapada cerca de 29 horas, según le informaron los rescatistas durante el traslado en ambulancia. Sin señal para hacer llamadas, pero con la linterna del celular, logró identificar un espacio sobre su cabeza que le permitió enderezarse. “Estuve calmada hasta cierto momento, hasta que escuché a los rescatistas y hasta que ellos lograron ubicarme. Allí empezó todo el proceso de: por favor sáquenme”, relató.
El rescate tomó tres intentos. En el primero se soltó la cuerda que la sujetaba; en el segundo, el amarre le comprimía el pecho. Fue hasta el tercer intento, con una técnica distinta, que lograron sacarla con vida.
Un mes después de lo vivido, Troncoso agradeció a los cuerpos de Bomberos de Cali y Bogotá, a los equipos de rescate y al alcalde de Cali, Alejandro Eder, por el acompañamiento a su familia durante el proceso.
Lo que viene para Diana
Troncoso se encuentra actualmente en un proceso de terapia física en la Fundación Valle del Lili, que según explicó requiere tiempo y paciencia. Una vez culmine esa etapa, planea viajar a Buga para agradecer al Señor de los Milagros y luego a Bogotá para agradecer directamente a los bomberos de esa ciudad. Después, espera retomar su rutina y su trabajo como bióloga médica.
Su mensaje, dijo, no está dirigido únicamente a quienes vivieron el colapso del edificio. “Sé que cada uno sintió miedo y seguimos con algún temor. Hay que buscar ayuda y no tener miedo a expresar lo que sentimos”, señaló, e hizo un llamado a valorar los vínculos familiares. Troncoso resume su experiencia con una frase que repite con frecuencia desde el rescate: “Donde hay vida, hay esperanza”.